martes, 16 de agosto de 2011

La sangre

Sólo hacía unas horas que había vuelto a manchar su escalpelo de sangre y ya volvía a tener ganas de matar de nuevo. Sentir esa emoción previa y luego silencio mientras su víctima caía lentamente al suelo y le miraba con la misma inexpresión que cuando le vio acercarse. De modo que decidió ir de cacería…
Ahí estaba de nuevo, en lo que parecía ser una calle flanqueada por ruinas de lo que en otro tiempo pudieron ser edificios señoriales. Siguió caminando y se adentró en una zona más industrial y más marginal aún si cabe. De pronto la vio: una mujer vestida de añil con el pelo negro azabache y unos ojos verdes que parecían brillar en la oscuridad, se movía de un lado a otro de la acera, contoneándose con gracia pero con una expresión fría en la cara. Aún no se había percatado de su presencia.
Se fue acercando, esquivando las escasas luces y sumergiéndose en las sombras, estaba tan cerca que de ser real podría olerla, sacó el escalpelo que relampagueó en la oscuridad y le asesto un limpio corte en la garganta. La sangre fluyó con una irreal apariencia y el joven sonrió mientras la mujer caía al suelo, tenía que darse prisa en acabar su obra, Jack el destripador debía dejar su firma antes de que…
¡Juan! ¿Aún no has puesto la mesa? Deja el jueguecito y apaga el ordenador de una vez, que sino vamos a cenar de madrugada.

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