domingo, 13 de marzo de 2011

Y el tiempo se paró - Capítulo IX (Fin)

Capítulo IX

El día que morí fue aterradoramente parecido a los demás. Era sábado y mientras desayunábamos, sonó el timbre; Fue Diana quien abrió la puerta y a los pocos minutos volvió a la cocina exultante con una revista en la mano y Nuria siguiéndola a poca distancia:

El artículo va a salir publicado mañana.− Me dijo emocionada, luego se volvió y siguió hablando, dirigiéndose a nuestros padres.− Pero nos ha traído un ejemplar de la revista.

Es un detalle.− Dijo mi padre, sorprendido.− Pasa, pasa. ¿Quieres un café?

Eh… sí, gracias.− Contestó Nuria mientras dejaba su bandolera en el suelo.

Es que Amaia y yo hemos ayudado en la investigación.− Explicó Diana, henchida de orgullo, mientras yo ponía los ojos en blanco.

Es cierto, además, con todo lo que ha pasado, creo que tenéis derecho a saber antes que nadie.− Continuó Nuria.− Ya sé cómo el asesino entró: Hay túneles que conectan esta casa con la antigua mansión Alcolea.

¿La mansión Alcolea? No me suena de nada.− Se extrañó mamá, mientras se acercaba la taza de café a los labios.

Papá le tendió una taza de café a Nuria.

Es que ya no existe, fue derruida.− Aclaró él.− ¿Te acuerdas que compré un libro sobre la arquitectura de la zona? hablaban de una antigua mansión de estilo barroco que fue destruida por un incendio y luego tuvieron que derruirla.− Le explicó a mamá.

Sí, esa es.− Corroboró Nuria tras tomar un trago de café.− Además en ese incendió murió un matrimonio. Los padres de Mario Alcolea, la persona a la que yo responsabilizo del crimen de los Bermejo.

Todos nos quedamos callados, mirando a Nuria, procesando lo que acababa de decir e intentando, sin éxito, recorrer los razonamientos que la habían llevado a esa conclusión.

¿Cómo lo sabes?− Inquirió mi madre.

Bueno, como comprenderéis, a estas alturas no hay muchas pruebas con las que trabajar, pero el árbol genealógico me llevó a fijarme en esa familia. Tras la muerte de todos los Bermejo, se convirtieron en la familia más próspera y poderosa de la zona, mejor dicho, su único descendiente vivo, Mario Alcolea se convirtió en el hombre más acaudalado de esta región. Así que con eso tenía el móvil, pero no el quién ni el cómo, porque no tenía nada que sustentara que Mario pudiese haber cometido los crímenes. Seguí investigando y di con Ricardo Alcolea, el padre, pero por lo que leí en las crónicas de sociedad, era un hombre de pacífico, de costumbres austeras, no sólo no encajaba, sino que había muerto dos años antes de que comenzaran los crímenes; entonces descubrí que Mario tenía una fama bien distinta: las crónicas, veladamente, le tildaban de libertino. Incluso encontré alguna noticia en la que se hablaba de altercados, peleas de bar y poco más. Sólo venían las iniciales de los implicados, así que no puedo estar segura al cien por cien de que se tratara de él, pero me dejó con la mosca detrás de la oreja. Me pasé semanas en blanco, porque no se me ocurría cómo se cometieron los crímenes… Si no había sido alguien de la casa, tendría que haber entrado sin que le vieran y entre la familia y el servicio, eso me parecía imposible, aunque le hubieran abierto la puerta, alguien recordaría que Mario había estado allí cuando tal o cual persona murió.− Tomó otro sorbo de café y nos miró a los ojos, sin duda, éramos un público entregado, pues no habíamos abierto la boca desde que comenzó su relato, aunque mi hermana y yo ya conocíamos algunos detalles.− Y entonces se me ocurrió visitar a Enrique Pineda, con la esperanza de que él pudiese decirme algo... lo que fuera. Estuvimos hablando y al final, ni siquiera recuerdo a qué vino, me habló de los túneles. No era raro que las mansiones tuvieran pasadizos que conectaran con otros lugares, en el caso de la mansión Alcolea, algunos se remontaban al S. XVII, pero con el tiempo, fueron incluyendo más y, al menos tres, conectaban la mansión Alcolea con esta casa que fue construida entre finales del S. XVIII y principios del XIX. Al parecer, cuando los padres de Mario murieron, pese a ser familia de los Bermejo, él se fue a vivir a una pensión de mala muerte y derrochó la herencia, pero no creo que se olvidara fácilmente de su casa y de los túneles, que no fueron destruidos por el fuego. En el reportaje sostengo que los usó para entrar en esta casa sin ser visto y huir de ella tras cometer los asesinatos. Cuando Guillermo Bermejo fue ajusticiado, su patrimonio pasó a Mario, incluyendo esta casa, en la que estuvo viviendo hasta que murió por causas naturales.

Hubo unos segundos de silencio y entonces mi padre preguntó:

¿Crees que así se coló la persona que dejó el árbol genealógico? ¿Usando esos viejos túneles?

Nuria se mordió el labio y contestó:

Es lo primero que pensé, pero he ido a la zona donde estaba la mansión Alcolea, aunque se ve fácilmente dónde estaban, ya no se pueden usar, están en ruinas. De hecho creo que el pasadizo de esta casa tendría que dar a ese lugar, pero seguramente el propio Mario Alcolea cegó los accesos, sabiendo lo que se podía hacer con ellos. Lo siento, pero sigo sin saber quién dejó ahí el árbol genealógico.

Cuando Nuria se fue, estuvimos hablando un rato sobre ello, mi madre cogió la revista y leyó en voz alta el artículo que venía a decir más o menos lo mismo que nos había contado Nuria, sólo que con algún dato más sobre la historia de las familias y varias fotografías antiguas a las que no presté demasiada atención en ese momento. A pesar de la emoción que suponía tener despejada la X en esa macabra ecuación, a las pocas horas la cotidianidad se impuso en forma de papel, más concretamente de lista de la compra.

Nos vamos a comprar ¿quién se viene?− Anunció mi madre mientras se ponía el abrigo.

Yo voy.− Dijo Diana bajando por las escaleras a todo correr.

Amaia, cielo, ¿Tú no vienes? No quiero que te quedes sola.− Me dijo mamá, asomando la cabeza por la puerta del salón, donde yo estaba repantingada en el sofá, viendo la tele.

No te preocupes, echaré la llave. Además, no me encuentro bien, creo que he pillado una gripe o algo.

A ver.− Se acercó a mí y me besó en la frente.− No parece que tengas fiebre… Bueno, tápate con la manta.

Oí como el coche se alejaba y cerré la puerta con llave. Aunque me repateaba reconocerlo, no me gustaba quedarme sola, pero ese malestar que había empezado hacía semanas, era particularmente intenso ese día. Volví al salón, me tumbé en el sofá y me tapé con la manta, mientras veía un programa de zapping. En algún momento, me quedé dormida y cuando me desperté me dio por ir a la cocina y echar una hojeada a la revista, empecé a pasar páginas y entonces me di cuenta: Allí estaba él, el mismo chico que vi reflejado en la ventana de la cocina. Un sudor frío me recorrió la espalda, leí el nombre y me mareé. Mi mente sólo atinaba a pensar “No puede ser, no puede ser, es un error”.

Creí que me caería redonda al suelo de un momento a otro, pero escuché un crujido que venía del salón, entonces con el corazón a mil por hora entré en el salón. Me quedé paralizada al ver la portezuela del pasadizo abierta, tras unos segundos en el quicio de la puerta, me lancé a cerrarla. Toqué la hoja de madera y entonces, antes de cerrarla, tuve la extraña sensación de que alguien me observaba, me giré y allí estaba él, de pié, junto a mí, me miraba como ensimismado y no parecía ser consciente de que yo estaba aterrada. Alzó una mano y lentamente la fue aproximando a mi cara, intenté alejarme, di un paso atrás… fueron unos segundos, pero parecieron una vida entera, notaba los peldaños de piedra clavándose en mi espalda, en mis brazos, en mis piernas y en mi cabeza, cada golpe era más doloroso que el anterior, hasta que mi maltrecho cuerpo aterrizó al final de la escalera.

Grité, lloré, me rendí, me rebelé de nuevo y volví a intentarlo, pero no hubo manera. Nunca logré salir de allí, los fantasmas no atravesamos paredes, ni puertas y Guillermo parecía estar contento de tener por fin alguien a su lado. Se limita a mirarme con embeleso y cuando intento abrir la puerta y escapar, me lo impide, pero casi con ternura, como si no quisiera hacerme ningún daño. Está loco y no me extraña, lleva en este pasadizo más de cien años, esperando a que alguien contara su historia. Imagino que en ese tiempo, perdió el juicio y cuando nosotros vinimos a vivir aquí, su soledad se hizo menor, se acostumbró a tener cerca a dos crías que indagaban en su pasado, que sentían interés por él. Tal vez sea ese el motivo, no lo sé seguro, no habla nunca, creo que ya no se acuerda.

Estoy muy cansada de estar aquí, en esta oscuridad y echo de menos a mi familia. Supongo que para ellos estaré desaparecida, porque mi cadáver sigue ahí, tirado al final de la escalera, y han pasado algunos años desde que morí; Aunque no importa demasiado, el tiempo se paró para mí. Y da igual cuantos días pasen, yo sé que Guillermo seguirá en ese rincón, mirándome con el asombro que da la locura y también sé que nunca me dejará marchar, lo que más me aterra es que algún día, yo también seré como él.

Me llamo Amaia Medina, tengo catorce años y estoy atrapada.

13 comentarios:

  1. !Historia corta para no dormir o no quedarse sola en un caserón antiguo! Me ha gustado mucho pero joer que final más triste para Amaia y su familia. Guillermo, ahora que Nuria le había limpiado su culpa, podía haberse olvidado de Amaia pero los fantasmas también aman.

    rodas

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  2. Pues sí, corta es (17 folios en un documento de word), pero me ha costado más que Cuando quemaba el aire.
    Ya ves, final bastante trágico, pero no podía ser de otra manera. Guillermo fue perdiendo el juicio poco a poco, pensaba en el día en que se limpiara su nombre, pero la soledad iba haciendo mella en él y cuando se vio acompañado no estuvo dispuesto a renunciar a esa compañía, ya no sabe cómo seguir adelante, aunque en su defensa debo decir que él no quería matar a Amaia, eso fue un accidente.
    En fin, muchas gracias por leerlo, me temo que yo el tuyo lo tendré que leer en verano, pero no dudes que lo haré.
    Un besazo!!!!

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  3. Vaya final!!!!! Me ha gustado mucho aunque muy triste :( La espera ha meredico la pena, ha sido un gran final ;)
    Me ha gustado mucho que esté escrito en primera persona; aunque por otra parte, al ser primera persona y estar encerrada no hemos podido saber nada más de su familia.
    Gracias por compartirlo!! Has sabido crear intriga y expectación.
    Un beso!!!!

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  4. Gracias!
    Sí, la verdad es que el panorama de Amnaia es desolador: un fantasma atrapado por otro fantasma y sabiendo que también ella perderá el juicio con el tiempo...
    Lo de la familia lo pensé y lo repensé, pero claro, quedaba más coherente si no volvía a saber de ellos, porque al estar atrapada no puede salir al exterior a ver lo que sucede, aunque la hipótesis de Amaia es correcta, para ellos está desaparecida, la buscan, claro, Diana se obsesiona con abrir la portezuela, pero nunca lo logra y al poco tiempo deciden irse de esa casa y abandonar el pueblo, para volver de nuevo a la ciudad. Nuria escribe varios artículos con la esperanza de poder ayudar en su búsqueda. :(
    Ya os dije que ea un relato sobre la locura y la soledad.
    Bueno, un besazo y gracias por tus palabras, a ver cuando me puedo poner a leer el tuyo, el de Rodas y el de María tranquilamente, que con esto de las opos los he aparcado.

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  5. Que historia mas genial, que final! pero que penita que se acabe. :(

    Cuando leí el comienzo del primer capítulo:"Me llamo Amaia Medina, tengo catorce años y estoy atrapada." no hubiera imaginado este final, es genial. La forma en que lo has descrito, la soledad de Amaia, la certeza de que se convertirá en lo mismo que se convirtió Guillermo...en fin todo.

    Te felicito Slayer, has escrito una historia magnifica.

    Un besazo!

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  6. Muchas gracias, Maira. Me alegro que te haya gustado y que te haya sorprendido el final.
    Sé que el final es... bueno, no es un cuento de hadas, precisamente pretendía crear una situación límite, desoladora y llena de tristeza y desamparo.
    Un besazo y gracias por leerlo.

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  7. Dios mío, que final más sorprendente, nunca me lo hubiera imaginado!!!
    No he podido evitar sentir una desazón muy grande, al pensar an AMaia, atrapada para la eternidad, y sobre todo en su familia. Es angustiante, pero sobre todo, es que esa es la sensación que transmite.
    TE FELICITO, SLAYER!!

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  8. Ante todo gracias por leerlo, yo te prometo que seguiré con el tuyo cuando haya acabado mi pesadilla particular.
    Y sí, la situación de Amaia, sus sentimientos, su impotencia... es todo bastante desolador. Además como te puedes imaginar una cría de 14 años tiene muchas cosas por hacer, algo que no hace más que sumar tragedia a la tragedia,
    En fin, tomaos esto como un "Vive hoy, que no sabes lo que vendrá mañana".
    Me alegro de que te haya gustado, un abrazo, María!

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  9. TRanqui, Slayer, el mío me está saliendo de un "largoooo", cada capi me ocupa varios folios...
    ahroa estoy metiendo la trama del 56, los acontecimientos de la universidad.

    Suerte con las OPOS! te entiendo perfectamente, sé de sobra lo duro que es. No te descentres!
    Un beso!!

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  10. Slayer, aunque con restraso he leído tu historia y te felicito ¡que final! tan intrigante como el pricipio. Amaia convertida en fantasma para toda la eternindad junto con Guillermo.
    Querías crear una situación límite llena de tristeza y desamparo, ¡pues lo has conseguido!
    Gracias por dejarnos disfrutar con el misterio de esta historia.
    Un besazo
    Cibeles

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  11. Gracias. Lamento el saborcillo que deja, aunque visto de un modo positivo ¿a que ahora tus problemas no parecen tan gordos? ja ja ja, qué bicho soy.
    Bueno, muchas gracias por leerla y por dejarme un comentario. me alegro de que hayas disfrutado de la historia.
    Un besazo!

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  12. slayer acabo de leerme de una sentada los 4 capitulos que me faltaban y dejame decirte que me ha encantado como nos has descrito el final y aunque diferente me gusta muchoooo y pues al menos yo seguire el consejo que quisiste darnos
    y bueno a ver si luego cuando tengas tiempo nos deleitan con otro relato :)
    (aunque imagino que ha se ser algo dificil, pero es que ha sido genial :))
    te quiero guapa y animo con tus proyectos
    Marysol :)

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  13. Gracias Marysol. Perdona que haya tardado tanto en contestarte (siempre me pasa contigo, ni que lo hiciera aposta).
    Me alegro de que te haya gustado. Seguiré escribiendo, no sé el qué, pero me he enviciado, ja ja ja.
    Bueno, un beso!!

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