viernes, 14 de enero de 2011

Y el tiempo se paró - Capítulo VII

Capítulo VII

Fue por aquella época cuando empecé a sentirme mal, no sabría muy bien cómo explicarlo… no era algo físico, ni psíquico, era más bien como un eco, como si de alguna manera algo que estaba sucediendo rebotara en mí, aunque en ese momento simplemente te hubiera dicho que me sentía rara y punto, ahora sé más cosas y tal vez por eso pueda contar con mayor exactitud lo que ocurría.

Había pasado una semana desde lo del árbol genealógico cuando nos llamó Nuria y nos soltó el bombazo:

Creo saber cual fue el móvil del crimen.− Tras decir esto, se quedó callada un momento y añadió.− Lo he descubierto gracias al árbol genealógico

¿Cómo?− Dije, sorprendida, mientras Diana me daba golpecitos en el brazo para que le contara lo que Nuria estaba diciendo.

Ya os dije que los Bermejo eran una familia importante, tenían mucho dinero, muchas propiedades, sobre todo tierras y alguna bodega, y parece que eso fue precisamente el móvil. Gracias al árbol genealógico me he dado cuenta de que muertos todos los Bermejo, las propiedades pasaban a manos de los Alcolea, otra rama de la familia, concretamente a Mario Alcolea, primo de Guillermo Bermejo; Lo normal hubiese sido que heredaran sus padres, pero murieron dos años antes en un incendio.

Entonces ¿fue él? ¿Crees que Mario Alcolea mató a la familia Bermejo y se las ingenió para que acusaran a Guillermo?

No lo sé… puede que fuera él o alguien cercano a él que se fuera a beneficiar de que Mario heredase, pero queda mucho por saber… ahora estoy intentando averiguar algo más sobre él, es trabajo de hemeroteca, bastante pesado, pero es lo que toca, leerse las crónicas de sociedad de la época. Por cierto, ¿tus padres han denunciado?

Nuestros padres habían decidido no presentar denuncia, porque, al fin y al cabo, tampoco sabían muy bien qué denunciar ya que en la casa no faltaba nada, en todo caso, sobraba.

No. La verdad es que dudaban que la policía fuese a creerse que el manuscrito no estaba allí antes, pensarían que no lo vimos y que luego dimos por hecho que alguien había entrado a dejarlo.

Ya… Bueno te tengo que dejar, cuéntales a tus padres esto, pero diles que no es una acusación ni nada por el estilo, simplemente creo que debéis estar informados de ello.

Diana, que seguía a mi lado dándome imperiosos golpecitos en el brazo, se apartó en cuanto vio que colgaba el auricular del teléfono.

− ¿Qué? ¿Qué pasa?

Le expliqué lo que Nuria me había dicho y nos pasamos la tarde haciendo cábalas. Cuando llegó la noche las dos fuimos a nuestros dormitorios, pero al cabo de un rato, Diana entró en mi habitación.

¿Qué quieres?

Seguir hablando contigo, es que se me ha ocurrido una cosa.− Contestó mi hermana en voz baja.

Ya me lo dirás mañana.− la corté, al tiempo que me daba la vuelta en la cama, dándole la espalda.

Vale, en ese caso iré yo sola a la biblioteca municipal a mirar los periódicos de la época.

¡Diana! Ni se te ocurra, ¿de acuerdo? Eso es trabajo de Nuria.

Yo puedo investigar lo que me dé la gana.

¡No! Además, seguramente no te dejen mirar los periódicos, tendrías que tener un carné de investigador o estar haciendo una carrera universitaria que justificara

Pues no, lista.− Me interrumpió.− El archivo del periódico lo puede ver cualquiera, además creo que lo han informatizado así que ni siquiera tendré que estar entre papeles.

Diana, escúchame.− Dije, mientras me levantaba de la cama y asía la mano de mi hermana.− Creo que lo mejor es que no nos impliquemos más en esto ¿vale? Por mi parte no voy a investigar más, me da igual lo que le pasara a Guillermo Bermejo, me importáis más papá, mamá y tú.

Mi hermana abrió la boca para replicar, pero nunca oí lo que dijo, porque un sonido estruendoso, parecido al que haría una sirena de barco, aunque mucho más grave, tapó su voz.

¿Qué ha sido eso?− Dije yo, aunque mi hermana, que estaba tan asustada como yo, no respondió a mi pregunta.

Nos quedamos unos segundos con las manos agarradas y entonces oímos a mamá gritar:

¡La niña! Diana no está, dios mío.

Mi hermana frunció el ceño y al momento cayó en que estaba en mi habitación.

¡Estoy aquí!

La puerta se abrió. Eran mamá y papá:

Tranquilas, no ha sido nada.

Voy a ver qué pasa.− Dijo mi padre, frotándose la cara. Era evidente que aquel sonido lo había despertado.

Mi madre nos abrazó.

Recuerdo que cuando sentí la mano de mi madre en mi espalda dejé de temblar. Miré a mi hermana; si estaba asustada lo disimulaba bien, parecía un animal en alerta, pero no respiraba por la boca ni se agarraba al pijama de mamá, como yo, estaba muy quieta con la mirada concentrada y supuse que quería oír cualquier sonido. Entonces se deshizo del abrazo de mamá y fue hacia la puerta.

Diana, ni se te ocurra.

Papá está solo.− Se quejó ella en un susurro. Sólo entonces dejó entrever su angustia.

Pero no pasó nada aquella noche: mi padre volvió extrañado, porque no había conseguido localizar el origen de aquel sonido y a la mañana siguiente, ninguno de nosotros hubiera sido capaz de decir si fue real o sólo un mal sueño, fruto de nuestra sugestión.

Ahora sé que ese fue el día en que comenzó a enfadarse.

2 comentarios:

  1. Por fin pude ponerme al día!!! :D
    Ayyyyyyyyyyyyyy me he quedado con ganas de más!!! Y eso que he leido tres capítulos seguidos!!!
    Me gusta tu forma de crear intriga y cómo consigues meterme en la historia!! Me parece muy interesante el personaje de Nuria; y creo que es un acierto hacer que no solo investiguen ellas que al fin y al cabo son unas niñas.
    Me tienes muy intrigada!!! Un beso!

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  2. Gracias!! Por leerlo y por darme tu opinión.
    La verdad es que el personaje de Nuria es necesario porque pone sensatez en la historia y además no es ninguna novata a la hora de recavar información. Habrás notado que hizo una defensa de la investigación perodística que es susceptible de varias lecturas, jejeje.
    El relato está prácticamente acabando.
    Un besazo y gracias otra vez, esta tarde me pongo con el tuyo!!

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