viernes, 23 de julio de 2010

Capítulo XLVII


CAPÍTULO XLVII

Llevaban andando día y medio cuando oyeron un ruido varios metros por delante de ellos, a la derecha. El grupo se quedó quieto, observando con detenimiento el agreste paisaje que se extendía ante ellos, esperando vislumbrar aquello que les había hecho detenerse.

Fernando dio un codazo a Charles y soltó la mano de Alicia. Con un gesto les indicó que se iba a acercar, Alicia le miró con los ojos muy abiertos, como queriendo decir “No te atrevas”; pero Fernando ya estaba caminando hacia delante, con movimientos felinos y sin hacer un solo ruido. Se agazapó detrás de un arbusto, apretando con ambas manos la pistola, y vio a una pareja de guardias civiles. Estaban a unos cinco metros de él. Miró al lugar donde estaban Charles y Alicia, apenas pudo distinguir sus siluetas, aunque no distaban más que unos pocos metros de él. Aún oculto por el arbusto, alzó la mano izquierda hasta su hombro, mirando a lo que intuía que era Charles y, con los dedos, le indicó que eran dos.

Charles atisbó el movimiento de Fernando y le susurró a Alicia:

Parece que hay dos.

¿Qué hacemos?− Pese a que sólo era un susurro, se podía detectar el nerviosismo de Alicia.

Esperar, Fernando nos dirá cuando atacar.− Señaló él.

Pasaron unos segundos y, entonces, Fernando movió el brazo.

Alicia y Charles dieron un par de pasos, lo justo para distinguir a los guardias, y comenzaron a disparar. Ninguno dio en el blanco, por lo que sus disparos pronto tuvieron respuesta. Fernando, con la ventaja de la cercanía disparó a uno de ellos en la pierna y, al instante, corrió a refugiarse tras un árbol cercano. El guardia cayó al suelo y se arrastró tras una roca cubierta de musgo.

Alicia se adelantó a Charles y apuntó al guardia civil, quería darle en el brazo, pero erró el blanco y reveló su nueva posición, el guardia se giró con rapidez y ella no tuvo tiempo de reaccionar... Sintió como si tuviera fuego en el interior del hombro y cayó hacia atrás. Fernando lo vio y salió de detrás del árbol; apuntó al pecho del guardia civil y disparó. El hombre cayó hacia delante como un muñeco de trapo.

Charles se acercó al lugar en el que estaba tendida Alicia, y taponó la herida del hombro. Fernando fue hacia la roca tras la cual estaba refugiado el guardia civil, le quitó la pistola y la munición, luego rebuscó en su bolsillo, sacó las esposas que le habían puesto en Puerta del Sol y se las puso al guardia civil. Entonces corrió a ver a Alicia; sangraba profusamente del hombro derecho, era un herida muy similar a la que había tenido Fernando un año atrás.

Estoy bien, sigamos andando.− Dijo Alicia con toda la firmeza de la que fue capaz, mientras hacía ademán de levantarse.

Fernando la obligó a sentarse; se quitó el jersey de lana y las dos camisetas interiores que llevaba, las miró un instante y volvió a ponerse la camiseta que estaba más sucia y el jersey; Con decisión, rasgó la camiseta limpia y vendó la herida de Alicia en silencio, sin mirarla ni una sola vez a los ojos… No se atrevía. “Esto es culpa mía, tenía que haber sido más firme en Madrid, tenía que haberla obligado a quedarse, jamás le habría pasado esto con alguien normal, con alguien como Álvaro ¿Cómo he sido tan egoísta?”. La dura reprimenda a la que él mismo se estaba sometiendo paró cuando una mano suave le rodeó la muñeca con delicadeza.

Alicia le miraba con una mezcla de preocupación y embeleso.

Tú no tienes la culpa de nada.− Susurró ella, como si hubiera leído el pensamiento de Fernando.

Él no contestó, la ayudó a ponerse en pie y siguieron caminando en silencio. No podía dejar de pensar en el tiempo que tardarían en llegar a Francia y cuanto les llevaría encontrar un médico que la curara sin hacer muchas preguntas, pues ella no tenía ninguna documentación.

Alicia notaba que se mareaba de vez en cuando, pero disimulaba, no se sentía más cansada de lo que había estado antes, pero el dolor y la pérdida de sangre comenzaban a afectarla; Recordó cómo había estado Fernando antes de recibir el antibiótico y supo que ella también tendría una fase de delirio, pero confiaba en que para entonces ya estuvieran en Francia, la idea de que Charles o Fernando corrieran algún riesgo por ella no le resultaba nada alentadora.

Llegó la noche, descansaron unas horas, en las cuales Fernando no se separó de Alicia, pese a seguir estando distante y sin pronunciar palabra. Charles miraba de soslayo la herida de Alicia, pero tampoco se atrevía a hablar. Ella empezó a sentirse molesta con ese silencio, pero prefirió seguirles el juego, así que tampoco comentó nada.

Cuando retomaron el viaje, a Alicia le temblaban ligeramente las piernas, intentó disimularlo, pero esta vez no pudo. Fernando la cogió en brazos, como si no pesara más que una pluma y caminó a ritmo normal durante varias horas, aunque los brazos empezaron a dormírsele y notaba cómo ese desagradable hormigueo iba desde los hombros hasta la punta de los dedos. Alicia miraba su barbilla con expresión ausente y no se percató de que pasaba algo hasta que Fernando y Charles pararon. Fernando dejó a Alicia junto a Charles, que la sujetó con el brazo, mientras una fina arruga de preocupación aparecía en su ceño.

Buenos días.− Dijo Fernando con voz fuerte y alegre.

El hombre que había frente a él parecía un campesino o un pastor; Llevaba un abrigo de lana y portaba un cayado y una bolsa de cuero. A su lado un perro de caza alzó las orejas al oír a Fernando. El hombre también le miraba, pero no parecía darse por aludido. Fernando evaluó al hombrecillo y, calculando su edad, supuso que tal vez tenía sordera, así que se acercó más.

Buenos días, qué frío hace por aquí ¿no?

Esta vez el hombre le miró directamente a los ojos con cierta sorpresa y dijo:

Pardon, monsieur, mais je ne comprends pas.

Fernando sintió que el corazón se le paraba al oír a aquel hombre, y sin poder resistirlo, le abrazó. El otro se asustó un poco y el perro, al percibir el miedo de su amo, gruñó a Fernando.

No pasa nada, bonito, no pasa nada.− Murmuró Fernando liberando al hombrecillo de su abrazo y acariciando con suavidad al perro. Luego se dirigió de nuevo al hombre, que lo miraba aún desconcertado, y preguntó.− ¿Es Francia? ¿Francia?

El hombre le observó durante unos segundos que a Fernando se le antojaron horas y luego se limitó a asentir con la cabeza. Se dio la vuelta, corrió hacia Charles y Alicia y, casi llorando, abrazó a Alicia.

Estamos en Francia… ¡¡Estamos en Francia!!− Gritó sin poder contener la emoción.

Charles, abandonando su compostura británica por un momento, se unió al abrazo.

Tengo que encontrar un teléfono, para localizar a algún contacto que nos consiga un médico.− Dijo Charles, con una alegría extraña. Fernando y él se dieron un fuerte apretón de manos.

Alicia seguía algo mareada y sabía que no podría dar más de tres pasos seguidos, pero ya le daba igual: Habían llegado, estaban a salvo, aunque seguía sin creer que la pesadilla hubiera acabado. A pesar del cansancio, era consciente de que tendría que dejar reposar los acontecimientos para que su mente pudiera asumir lo sucedido en los últimos días.

Todo va a salir bien, ya lo verás.− Dijo Fernando, que de repente se sentía más descansado, mientras cogía de nuevo a Alicia.

Lo sé.− Murmuró ella, mientras echaba la vista atrás y recordaba a Fisco y a Andrea.

Fijaron sus ojos en las pupilas del otro, con el brillo de quien ha recuperado la esperanza. Fernando agachó la cabeza y besó a Alicia, mientras la llevaba en brazos.

Charles iba un poco por delante de ellos; al rato divisó un grupo de casas, se alejó de la pareja y, en un rudimentario francés, habló con algunos aldeanos.

En el pueblo de al lado hay teléfono. Deberíais esperarme aquí, no sé a qué distancia está.− Les informó.

Tendría que haber hablado yo con ellos.− Dijo Alicia con una sonrisa tímida, pues había visto los esfuerzos que había tenido que hacer Charles por entender y ser entendido.

Tú ahora no puedes hablar con nadie, es mejor que descanses.− Respondió Charles con amabilidad.− Os he pagado una habitación en esa posada.− Dijo, señalando una casona de piedra que estaba a su espalda.− Seguramente volveré mañana, cuando ya hayáis comido, en caso de que no vuelva, ponte en contacto con ellos.− Susurró metiendo un papel en el bolsillo del pantalón a Fernando.

No creo que vayamos a tener problemas aquí.− Observó Fernando.

Es mejor prevenir, ya lo sabes.

Cierto. Suerte, compañero.

Suerte, Charles.

Él sonrió y se puso en camino. Fernando y Alicia se quedaron viendo como se alejaba antes de ir a la posada.

4 comentarios:

  1. Genial como siempre!!!! El momento en que Fernando se culpa de todo... Increible y muy bien contado!!! Me ha gustado esa Ali fuerte, luchadora; esa es la que conocimos!!! Parece que por fin se quedan solos en condiciones tranquilas; a pesar de la herida, ya están a salvo!! Muy tierno el momento en el que se besan, un simple beso que dice mucho!
    Muchas gracias!!!! Que ganas de seguir leyendo :D

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  2. Gracias, NoA!
    Es que Fernando no puede ver a nadie sufriendo si puede evitarlo y con Ali... se eleva a la potencia ese sentimiento.
    Ya están a salvo, queda un capítulo muy emotivo en el que Alicia le da la carta a Antonio... No sé si ese será el último o si distribuiré lo que tengo que contar en dos partes.
    Bueno, un beso y gracias por haber sido una lectora tan fiel!!

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  3. NENA!, que lo acabo de ver y esto lleva ya varios días colgado!!
    Me alegro mucho que estén ya en Francia, a salvo, pero el suspense continua, con esa herida de bala de Alicia.
    ESpero impaciente el próximo!!

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  4. Sí, ya están a lasalvo, el de mañana es intensito...
    Un beso María, yo ta,bién espero con impaciencia la continuación del tuyo.
    Un beso!

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