sábado, 10 de julio de 2010

Capítulo XLV


CAPÍTULO XLV

Corrían por pura desesperación, sin saber muy bien hacia donde dirigir sus pasos. No conocían el punto exacto del que provenían los disparos, no sabían donde estaba la frontera ni donde estaban ellos, pero Andrea les había indicado el lugar al que debían andar, y eso hacían ellos: Correr en línea recta esperando que tarde o temprano algo les indicara que habían dejado atrás España, con su puñado de fieras gobernándola.

Interiormente, los dos se habían prometido salir vivos de esa situación, lo sentían como una especie de lealtad hacia Andrea, Fisco y Charles, pues si fracasaban, esas muertes habrían sido en vano. No sentían el cansancio ni el frío, en esos momentos, las sensaciones externas no tenían cabida, sólo estaba el dolor de haber perdido a tres camaradas, tres amigos, tres aliados. Y mientras corrían, asidos de la mano, se daban breves apretones, como intentando que el otro, al sentir esa presión, supiera que no estaba solo.

Llevaban horas corriendo, aunque los disparos habían cesado hacía rato; cualquier crujido, hasta el más leve susurro, provocaba un estremecimiento en ambos que se traducía en un rápido movimiento de brazo: alzaban las pistolas y apuntaban hacia ese lugar del que provenía el sonido, pero lo que encontraban era un pájaro que alzaba el vuelo al verles o simplemente un arbusto cuyas ramas eran agitadas por el viento.

¿Cómo llegaste a esto?− Preguntó Fernando al tiempo que corrían entre el brezo.

Convencí a Andrea y a Charles para que me dejaran ayudarles.− Respondió ella y, al pronunciar sus nombres, sintió un pinchazo.

Ya lo imaginaba, pero ¿cómo supiste de ellos?− Inquirió él. No sólo trataba de tranquilizar a Alicia, también necesitaba saber cómo habían podido llegar a esa situación… Esa situación que había intentado evitar por todos los medios.

Cuando leí que estabas detenido intenté hacer algo… Álvaro y yo mandamos cartas a cónsules y mandatarios, pero no logramos nada. Luego me… me fui de casa; Y por casualidad conocí a Andrea, ella me debió ver tan angustiada que, para consolarme, me habló sobre la misión y... a partir de ese momento, hice todo lo que estuvo en mi mano para formar parte de ella.− Explico Alicia, mientras se preguntaba cómo estaría Álvaro en esos momentos.

¿Cómo está él… Álvaro?− Preguntó Fernando, sintiéndose culpable al momento de nombrarle.

Bueno, no está bien, claro, pero… alguien como él no estará solo mucho tiempo. No se merece todo lo que ha pasado, ha arriesgado mucho, ha sido tremendamente generoso conmigo, con nosotros.− Dijo, apretando la mano de Fernando.

Como siempre.− Sentenció Fernando.− Al menos él no está implicado más que en la venta del cuadro y no lo podrán relacionar con esto.

Él… Él hizo más que eso.− Comentó Alicia con un deje de ternura.

Ambos frenaron su carrera por primera vez y se apoyaron contra una roca para descansar las piernas.

¿Qué quieres decir?− Preguntó él, inquieto.

Me ayudó…− Suspiró Alicia, con la respiración acelerada.− Álvaro me ayudó a tirar las octavillas. Era parte de la estrategia: una maniobra de distracción.

Fernando sintió un peso en el estómago al oír lo que Álvaro había sido capaz de hacer, aún sabiendo que Alicia ya no iba a estar a su lado; Le envolvió un sentimiento de gratitud y cariño mientras recordaba el momento en el que se despidió de él, frente a la camioneta.

Estoy deseando llamar a Madrid para que detengan a ese calzonazos.− Dijo una voz a su espalda.

Fernando se dio rápidamente la vuelta, pero al momento la voz gritó:

No sabes mi posición y yo estoy apuntando directamente a la cabeza de esa monería que tienes a tu lado… Si crees que no vas a errar el tiro, adelante, dispara, pero si fallas le reviento la cabeza a tu novia.

Fernando no disparó, pero tampoco bajó el arma.

Te ofrezco un trato.− Gritó.

Alicia le miró entre sorprendida y asustada, mientras apretaba fuertemente la pistola que tenía entre sus manos, la pistola de Andrea.

No estás en condiciones de hacer tratos, Solís.− Se mofó la voz de Mendoza.

Lo estoy, sabes que no vas a cazarme vivo, y si le haces algo a ella, es probable que los dos caigamos. Pero si me prometes que ni a Álvaro, ni a Alicia les va a pasar nada y que los dejaréis ir a Francia, con el hijo de él y su madre, te dejaré esposarme y llevarme a Madrid.− Hizo una pausa, intentando calcular la posición de Mendoza, luego continuó.− Piénsalo, sales ganando, nadie se imaginaba que podrías cogerme vivo una vez, pero dos… Nadie te toserá después de eso.− Negoció Fernando con voz potente y segura.

Mendoza no contestó inmediatamente, la oferta de Fernando era muy tentadora.

Alicia miraba a Fernando y al lugar del que venía la voz, mientras seguía agarrando la pistola con fuerza. “En cuanto se acerque, le disparo; en cuanto se acerque, le disparo”.

Es una buena propuesta.− Dijo Mendoza con voz golosa, mientras se mantenía oculto entre el brezo.− Pero verte llorando otra muerte me parece mucho más entretenido.

En ese momento resonó un disparo; Luego, silencio.

2 comentarios:

  1. Wooooooooooou!! Que capitulazo!!! Me ha gustado cómo Fer se entrega a cambio de la libertad de Ali y de la familia de Álvaro; siempre fue así, por más que estuviese entrenado siempre le perdió ese amor por Ali, como cuando estuvo dispuesto a entregarse a Quintero para que dejara en paz a Ali.
    Joer, no podías haber terminado el capítulo de mejor manera, menuda intriga!! Confio en tu relato así que no te diré lo que espero; siempre me sorprendes ;)
    Un beso!!

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  2. Me alegro de que te haya gustado. Aqui Fernando vuelve a dar muestra de su altruismo y, sabiendo además todo lo que Álvaro ha hecho por ellos, no puede permitir que le suceda nada a él o a su familia. Su mayor temor sigue siendo que su lucha le cueste la vida a Alicia, como le pasó a Belle, por ello esta vez intenta llegar a un acuerdo, pero, ya se sabe que las cosas no siempre salen como uno había planeado.
    Un beso!!!!

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