miércoles, 30 de junio de 2010

Capítulo XLIV


CAPÍTULO XLIV

Todos los que estaban dentro del remolque se quedaron quietos durante unos segundos. Nadie sabía qué había pasado, pero algo iba mal, habían oído un disparo y la camioneta se había detenido. Charles y Andrea tomaron la iniciativa y saltaron del remolque.

Alicia estaba paralizada, oía voces, pero no entendía bien lo que decían, iba a preguntarle algo a Fernando cuando él levantó el dedo índice y se lo llevó a los labios. Estaba muy concentrado; aunque no distinguía las palabras, esa voz le era familiar, al momento lo entendió, rápidamente se volvió en silencio hacia la parte delantera del remolque y en una bandolera de cuero metió la comida con la que iban a hacer frente al viaje, hurgó en una de las cajas de madera y sacó dos pistolas y munición, metió una en la bolsa y comprobó que la otra tuviese balas. Se echó la bandolera al hombro y con la mano que tenía libre asió la mano de Alicia.

Ambos saltaron intentando no hacer ruido, por fin oyeron con claridad a Mendoza:

Vosotros dos, id a registrar el remolque.− Ordenó.

Fernando oyó los pasos en el lado izquierdo del remolque y le hizo un gesto a Alicia indicándole que torciera a la derecha. Les oyeron subir y al momento gritaron:

Aquí no hay nadie, señor.

Fernando salió de su escondite y sin mediar palabra disparó al policía más cercano a él. Le acertó en el hombro y provocó una pequeña confusión entre los policías pues al principio ninguno sabía de donde provenía el disparo. Andrea y Charles aprovecharon esa distracción y sacaron sus armas. En ese momento los tres dispararon y echaron a correr hacia el bosque, donde, al menos, tenían una posibilidad.

Cada poco tiempo se volvían para responder a los disparos de los cuatro policías. Fernando tiraba de Alicia intentando colocarla delante de él, de manera que no la pudieran alcanzar las balas.

Le he dado a uno.− Dijo Andrea al tiempo que se escondía detrás un árbol.

Fernando también se había resguardado tras un árbol y apretaba a Alicia contra él con el brazo que tenía libre. Alicia estaba asustada, pero tenía la mente más despierta que nunca.

¿Dónde está Charles?− Preguntó con un murmullo.

Fernando la miró desconcertado, acto seguido miró a su alrededor, esperando verle tras un árbol, pero no estaba.

Andrea ¿Y Charles?

Ella frunció el ceño, miró en derredor pero tampoco le encontró.

No lo sé corría a mi lado.− Respondió Andrea angustiada.

No puede ser, no puede ser…− Sollozó Alicia.

Fernando la abrazó con más fuerza y la besó en la frente, permaneció unos segundos mirando sus ojos y luego la besó en los labios, por primera vez en mucho tiempo. Alicia se sintió más serena después de eso, pero los disparos seguían sonando a su alrededor.

Andrea respondió de nuevo a los disparos.

Hay que salir de aquí.− Exclamó resguardándose de nuevo tras el árbol y cargando el revólver.− ¡Mierda! Apenas tenemos balas.

Las tengo yo.− Replicó Fernando señalando la bandolera.− Corred, yo os cubro.

No.− Musitó Alicia apretándose contra él.

Ya.

Andrea echó a correr y al pasar junto a Alicia la cogió del brazo y tiró de ella.

Cuanto más rápido corras menos tiempo estará él cubriéndonos.− Le susurró Andrea.

Alicia al oír eso empezó a correr más deprisa, adelantando a Andrea, cuando llegaron a una pequeña colina se colocaron detrás y esperaron a que llegara Fernando.

A los pocos minutos él estaba allí; Sangraba de un brazo.

No es nada.− Comentó antes de que ellas pudieran decir nada.− Sólo me ha rozado… ¡Joder! Ya me extrañaba que ese cabrón no diera señales de vida.

Alicia se adelantó para cerciorarse de que la herida no era grave.

Andrea les miró con semblante sombrío.

Fisco está muerto.

Alicia y Fernando la miraron. Algo dentro de él se rompió al oír la confirmación de lo que ya intuía.

¿Y qué ha sido de Charles?− Inquirió Alicia intentando mantener la voz firme.

No lo sé.− Murmuró Andrea con sinceridad.− Si hubiera caído me habría dado cuenta, estoy segura, porque iba a mi lado creo que lo hemos perdido en la carrera.− Comentó ella sin mucho convencimiento.

Lo que está claro es que no podemos quedarnos aquí.− Señaló Fernando con voz algo tomada.− No sabemos si está por delante de nosotros o si se ha quedado atrás, debemos continuar.

Ya no se oyen disparos.− Observó Alicia, extrañada.

Conseguí dar a Mendoza, no creo que le haya hecho nada, pero por fin han decidido retirarse.

Pero ¿volverán?

No te quepa duda, pero ahora tenemos una ventaja, porque tardarán un tiempo en traer refuerzos y Mendoza querrá participar, aún estando herido. Tenemos que ponernos en marcha ya.

Es hacia allí.− Indicó Andrea frunciendo el ceño.− No me puedo creer que vaya a repetir la odisea.− Comentó con tedio, aunque era obvio que quería dejar de pensar en Fisco y en Charles.

¿Repetir?− Se sorprendió Alicia.

Sí, ya salí de España una vez… andando.

Alicia sentía curiosidad, pero sabía que ese no era el mejor momento, así que comenzó a caminar a paso ligero. Cuando llegó la noche, estaban cansados y doloridos. La experiencia del tiroteo les había inquietado a todos y esa inquietud se tradujo en energía: habían caminado sin descanso durante horas y el camino no ponía las cosas nada fáciles.

Durmieron apenas dos horas, la angustia por la ausencia de Charles y el dolor por la muerte de Fisco no les permitían relajarse. Antes de que despuntara el alba ya estaba de nuevo caminando. Andrea tomó la delantera, Alicia la seguía a corta distancia y Fernando cerraba la comitiva. Nadie esperaba que los otros les tomaran la delantera, pero lo hicieron. Sólo tres horas después de haberse puesto en marcha, Fernando oyó un ruido sospechoso, iba a decir algo a Andrea cuando llegó el disparo. El grupo se paró no sabían de donde había venido aunque no parecía haber dado en el blanco; Alicia miró a su alrededor.

Corramos.− Sugirió, asustada.

Fernando tomó su mano y empezaron a correr, pero a los pocos pasos tuvieron que parar y retroceder; Andrea no se movía, se había quedado de pie, temblando. Abrió la boca, parecía que intentaba decir algo pero no emitió ningún sonido, bajó la mirada y posó su mano un poco por encima del estómago, luego la retiró y se la mostró a Alicia y a Fernando. Estaba ensangrentada.

De repente, se oyó un nuevo disparo, pero este dio en un árbol cercano a Alicia. Los dos corrieron hacia Andrea, que cayó hacia delante como a cámara lenta. Alicia la dio la vuelta e intentó detener la hemorragia poniendo sus manos sobre la herida. Fernando se quedó de pie a su lado y disparó hacia el lugar del que parecían provenir los tiros.

Cógela, cógela.− Murmuró Andrea.

No.− Sollozó Alicia.− No va a hacer falta, te vas a poner bien.

Cógela y dásela, por favor, me lo prometiste.− Musitó Andrea.

Tras decir esto, giró la cabeza y pestañeó lentamente. Una suave brisa movió su cabello haciendo que un mechón le cayera sobre los ojos pero ya no se movió.

Se oyó un nuevo disparo que fue a dar contra una roca.

Alicia, tenemos que irnos.− Dijo Fernando, mientras unas lágrimas caían de sus ojos. Se las secó con enfado y volvió a responder a los disparos.

Pero Alicia se negaba a abandonar a Andrea y seguía apretando con fuerza la herida, hasta que un impulso irracional le dijo que si tiraba de ella con la suficiente fuerza, se volvería a levantar y todo volvería a estar bien… tiró de su mano con desesperación, pero no ocurrió nada. Fernando, a su vez, agarraba el hombro de Alicia, instándola a levantarse y correr. Ella rompió a llorar con rabia y rebuscó en los bolsillos de Andrea, cogió un sobre y se lo guardó en el bolsillo del abrigo.

Coge la pistola y vámonos.− Dijo Fernando.

Esta vez, Alicia obedeció. Los dos corrieron dejando atrás el cuerpo inerte de Andrea, mientras disparaban a un punto indefinido del bosque. Ambos sentían cómo el dolor les desgarraba por dentro, pero sabían que no era el momento de derrumbarse.

2 comentarios:

  1. ¿Qué te puedo decir después de este capítulo? Genial!!! Joer menudo enfrentamiento; han caido todos menos ellos dos... Precioso el momento en que Fernando intenta calmar a Alicia; siempre lo hizo, incluso en los peores momentos pensó más en la tranquilidad de ella que en el peligro.
    Vaya, en cuanto a la promesa me había imaginado otra cosa... Aunque no sé por qué pero intuí desde el principio que era Andrea quien hacía prometer algo a Alicia.
    Ayyy pobrecillos, lo que les queda todavía!! Y encima sabiendo que han perdido a todos sus compañeros :(
    Gracias por seguir!!! Es genial, de verdad! Un beso!

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  2. Pensaba que me ibais a torar huevos virtuales por semejante derramamiento de sangre.
    Aún así debo decir que las cosas no han ido tan mal como se pueda pensar en un primer momento.
    Andrea, ya en el capítulo 33, escribió dos cartas: una para los del Asturiano donde les informba de la muerte de Luisa y otra para que, en caso de que ella muriera, le fuera entregada a Antonio. Andrea sabe que Fernando no aprueba ese tipo de cosas dentro de una misión, por eso confió en Alicia, aunque, claro esta promesa no es precisamente agradable.
    El ataque se ha producido muy cerca de la frontera... queda un nuevo enfrentamiento.
    Un beso!! Me alegro un montón de que te haya gustado.

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