viernes, 18 de junio de 2010

Capítulo XLII


CAPÍTULO XLII

En mitad de la noche, una camioneta avanzaba a través de un camino de tierra. El sendero estaba flanqueado por centenarias encinas y Fisco, que había sustituido a Charles unas horas atrás, aguzaba la vista rezando para que ningún animalillo se cruzara en el camino. Aunque ya no llovía, la ausencia de Luna hacía más difícil la visión, pero, por otro lado, esto ofrecía un cielo cuajado de estrellas.

Dentro del remolque reinaba un silencio, roto de vez en cuando por los murmullos de Charles y Andrea; Alicia y Fernando, en cambio, no habían abierto la boca desde que finalizó la ruidosa discusión. Él seguía mirando el pequeño segmento de lona ondeante y ella le miraba de soslayo, intentando aparentar indiferencia, mientras mordisqueaba un pedazo de queso.

La camioneta fue aminorando la velocidad hasta que al fin se paró. Alicia no pudo evitar mirar con inquietud a Andrea, pero esta ya se había levantado y sujetaba la lona para que los demás salieran. Fisco también estaba fuera, apoyado en la puerta izquierda de la camioneta.

Pasaremos la noche cerca de aquí.− Explicó Charles sin dirigirse a nadie en especial.− Fisco, esconde la camioneta allí.− Le pidió mientras señalaba hacia la derecha del camino, donde había un hueco entre los árboles por el que podía caber un vehículo.

¿No vigilan estos caminos?− Preguntó Fernando.

Lo dudo. Esperan que vayamos a Francia, que es justo lo que vamos a hacer, pero nos hemos desviado bastante. Por precavido que sea ese Mendoza, no creo que este camino esté entre en sus prioridades.

Ya lo saben, entonces.− Supuso Fernando.

¿Si saben que te has escapado? Sí, claro.− Contestó Andrea, que acaba de saltar del remolque y portaba unas cuantas mantas en el regazo.− Lamentablemente no podíamos conseguir más tiempo.

Hace ya unas cuantas horas que habrán vuelto a poner precio a tu cabeza, amigo.− Dijo Fisco, que acababa de volver de esconder la camioneta, y le dio un apretón en el hombro a Fernando que parecía circunspecto. Charles miró interrogante Fisco y este dijo.− La he dejado detrás de una pequeña loma, lo justo para que no se vea desde el camino; no me quiero arriesgar a dejarla muy lejos y que luego no pueda encontrarla.

De acuerdo.− Dijo Charles.− Lo mejor será que vayamos a dormir.

¿Por qué no seguimos viajando?− Inquirió Alicia con timidez.

Porque a estas horas cualquier vehículo es sospechoso, es más seguro parar.− Aclaró Fernando sin mirarla.

El grupo se internó en el bosque; era tan espeso que a los pocos minutos ya no veían el camino. Alicia le quitó de las manos unas cuantas mantas a Andrea, se sonrieron y siguieron andando, subieron una pequeña colina y decidieron quedarse allí.

Después de repartir las mantas, Fisco se recostó contra una encina y, al segundo, dormía plácidamente. Andrea y Charles se alejaron un poco de ellos y estuvieron hablando durante un rato antes de dormir. Al final, los únicos que quedaron despiertos fueron Fernando y Alicia, aunque por distintas razones. Alicia tiritaba de frío a pesar de llevar un abrigo bajo la manta, Fernando, por el contrario, no tenía sueño y seguía alerta, a la espera de algún ruido sospechoso.

Se levantó y empezó a merodear por la zona, necesitaba ocupar su mente, aunque fuera revisando un bosque en el que, a todas luces, ellos eran los únicos humanos. Media hora después, volvió al improvisado campamento y se acercó a Alicia por detrás.

Intenta dormir un poco, en la camioneta es imposible con ese motor que tiene.− Susurró Fernando intentando que su tono de voz fuese lo más aséptico posible.

Se sobresaltó al oír una voz a su espalda, pero luego volvió a adquirir su actitud impasible. Transcurridos unos segundos, ella contestó.

Hace demasiado frío… pero aún así no tengo sueño.− Mintió Alicia, pues no quería revelar ninguna debilidad que pudiera darle alas a Fernando, y justo en ese momento tuvo que reprimir un bostezo.

Él, sin decir una palabra, se sentó a su lado y abrió la manta que se había echado sobre los hombros. La rodeó con el brazo, cobijándola con su manta, y la apretó contra su pecho. Alicia notó que el corazón se le aceleraba, pero no dijo nada; Ambos cerraron los ojos, pese a estar despiertos, y dejaron pasar la noche, abrazados. Para Alicia no hubo un amanecer más molesto que aquel.

Con alba llegaron de nuevo las prisas; Andrea, Charles, Alicia y Fernando recogieron las mantas y borraron las pocas huellas de su estancia allí, mientras Fisco iba a por la camioneta. A los pocos minutos, reemprendieron el viaje. Charles se puso al volante, mientras los otros viajaban atrás, en el remolque. Se había decidido que solamente condujeran Fisco y Charles por varios motivos: No era común ver a mujeres al volante, por lo que Andrea y Alicia quedaban descartadas y Fernando estaba siendo buscado… mejor no tentar a la suerte.

En el remolque Alicia se sentó junto a Fernando; Al verlo, Andrea y Fisco se miraron, pero no hicieron nada y comenzaron a hablar entre ellos en voz baja. Alicia y Fernando permanecieron callados unos segundos, hasta que ella decidió romper el silencio y con un susurro trémulo dijo:

Yo decidí entrar en esta operación. No es culpa de Andrea.

Ya lo suponía, pero sigue sin ser una buena idea.− Dijo él en voz baja.

No, lo que fue una mala idea fue permanecer en el camino viendo como te alejabas, como se alejaba mi oportunidad de regresar a Francia.− Dijo Alicia en un tono ligeramente más alto, pero que no dejaba de ser un murmullo.

Fue lo mejor para ti, créeme.− Sentenció Fernando sin mirarla.

¿Para mí? No, Fernando, fuera lo que fuera aquello, no fue en absoluto lo mejor… ni para mí, ni para Álvaro y, seguramente, tampoco para ti. Sólo fue posponer lo inevitable.− Suspiró y añadió.− Álvaro ha sufrido lo indecible con esto… Y yo también.

Alicia…− Comenzó a decir él.

Déjame acabar.− Le cortó ella.− No tienes derecho a decirme qué es lo mejor para mí y menos aún cuando eso afecta a una tercera persona.− Hizo una pausa y la rabia desapareció de su rostro.− Pero no te culpo sólo a ti…− Continuó con amargura.− Yo dejé que pasara, dejé que tú decidieras por mí y fue el mayor error de mi vida, pero no volverá a pasar.

Se recostó de manera que su cara miraba hacia la de él, pero Fernando seguía mirando al frente y no parecía haber oído nada de lo que ella había dicho. Alicia levantó la mano y acariciando su mejilla, le obligó a girar el rostro.

Fernando… Te quiero y sé que tú me quieres a mí.− Él intentó bajar la cabeza, pero las manos de ella se lo impidieron.− Pero eso no significa que tengas que cuidarme y protegerme como si yo no fuera capaz de hacerlo por mí misma; No soy ninguna niña, sé lo que quiero y sé hasta donde estoy dispuesta a llegar para lograrlo.− Explicó abarcando con la mirada el remolque en el que se encontraban.

Ella se acercó más a su cara e intentó besarle, pero él, sin decir una palabra, apartó las manos de Alicia de su rostro y ella se alejó entre dolida y confusa.

Fernando no se quitaba de la cabeza la imagen de Alicia muerta, mientras se repetía que todo eso era por su culpa.

Alicia… es muy probable que haya muertos en esta misión.− Masculló él, al cabo de unos segundos, como si ella fuese capaz de seguir sus pensamientos. Estuvo a punto de añadir “Y tú no eres consciente de ello”, pero le sonó demasiado duro, demasiado cruel…

Alicia le miró con semblante preocupado, pero no respondió al comentario de Fernando.

___________________________________________

A kilómetros de allí, Mendoza maldecía y blasfemaba, al tiempo que daba patadas a un escritorio en el que había extendido un mapa. Había pasado toda la noche en la comisaría y ya era un secreto voces que Fernando Solís había logrado escapar. Su superior acababa de llamar para informarle de que si no capturaba a Solís y a todos sus secuaces, subsanando así el error que había cometido, sería su cabeza la que rodaría.

4 comentarios:

  1. Una vez más, consigues emocionarme!!! Me gusta cómo explicas los por qués de cada uno; aunque Fernando no lo diga en alto. Me da que esta vez Alicia sabe lo que quiere y no va a dejar que nadie decida por ella! Esa es la Alicia que conocimos!!!
    Gracias por los capítulos!!!! Un beso!

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu comentario, NoA.
    Fernando va comprender la fuerza y la decisión de Alicia; aunque será un momento muy duro, servirá para que deje de verla como alguien a quien tiene que proteger.
    Un beso!

    ResponderEliminar
  3. Uy, Mendoza......
    Muy bien, Slayer, casi los veía a oscuras, en la camioneta, aunque Fernando está algo distante, no??
    Que suspense de huída! Espero que todo salga bien.

    ResponderEliminar
  4. Tú lo has dicho... "Uy, Mendoza..."
    Bueno, María, Fernando está, aparte de asustado ante la posibilidad de que a Alicia le pase algo, preocupado porque piensa que ella no está capacitada para ese tipo de misión.
    Pronto descubrirá que ella es más fuerte de lo que aparenta.
    Un beso!

    ResponderEliminar