viernes, 25 de junio de 2010

Capítulo XLIII


CAPÍTULO XLIII

Señor, entonces… ¿mandamos dos hombres allí?− Preguntó un joven uniformado sin poder ocultar su nerviosismo.

Gregorio Mendoza le dedicó una dura mirada y respondió con voz de acero:

Nos enfrentamos a un mínimo de cuatro rojos: Solís, los dos que vinieron disfrazados de militares y la zorra esa que drogó y retuvo a los verdaderos militares… ¡Irán cuatro agentes por zona y nada de uniformes! ¿Entendido? Pida colaboración a la guardia civil, pero déjeles bien claro que el operativo sigue siendo nuestro.

Ehm… Sí, señor.− Balbuceó el muchacho.

Quiero vigilancia aquí, aquí, aquí, aquí…− Ordenaba Mendoza mientras señalaba en el mapa varios puntos cercanos a la frontera por los que transcurrían carreteras secundarias.

¿Vigilancia?

.− Afirmó Mendoza, mientras levantaba la vista del papel.− Tienen órdenes de vigilar, no de actuar, a no ser que no les quede más remedio.

Pero

¿Ha llegado ya el coche?− le interrumpió Mendoza que estaba más centrado en sí mismo que nunca.

Sí, señor, pero

No quiero oír nada más. Iré a una zona cercana a frontera con cuatro hombres más, con las informaciones que nos vayan llegando nos moveremos hacia el punto más probable; el punto que han escogido para huir. Una vez allí… yo me encargaré de ellos.− Susurró Mendoza, saboreando cada palabra.

Pero… ¿no sería mejor interceptarles antes?− Musitó el joven subalterno.

Mendoza le miró con ferocidad, pero no respondió; se dio la vuelta, salió de la comisaría y entró en el coche que le esperaba cerca de la entrada.

El policía miraba la puerta que su jefe acababa de cruzar con aprensión; No era capaz de imaginar que el plan de Mendoza respondía a dobles intereses personales: Por un lado, saldar su cuenta con esos dos hombres que habían logrado engañarle… humillarle; y por otro, colgarse una medalla por haber capturado a esa pandilla de rojos in extremis, cuando ya estaban a punto de escapar.

Aún con la voz de su superior resonándole en la cabeza, Mendoza sonrió, seguro de que su plan iba a salir bien… Haber sido enlace de los maquis, le había proporcionado cierta información muy valiosa.

Tras el largo viaje, el humor de Mendoza, ya de por sí irascible empeoró; se sentía agotado, sucio y solo, aunque eso último no le importaba demasiado. Nunca contaba con nadie a otro nivel que no fuera dar órdenes; se sentía más seguro cuando no había ningún otro policía cerca que cuestionara sus decisiones.

Pasaron tres días hasta que por fin una de las patrullas que él había organizado avistó a una camioneta sospechosa, cuyo conductor respondía a la descripción de uno de los impostores. El policía, al oírlo, mantuvo la calma, ya que antes habían tenido dos falsas alarmas sobre vehículos sospechosos. Mendoza interrogó al agente que estaba al otro lado de la línea telefónica y mientras el otro hombre contestaba dócilmente a sus preguntas, algo en él se encendió. Conocía esa sensación perfectamente: una presión en la boca del estómago que le indicaba que había encontrado algo.

Sin dar opción a que su interlocutor finalizara la frase, colgó el teléfono y llamó a los cinco hombres que permanecían en la sala de al lado, fumando y mirándose las manos, aburridos. El grupo salió del cuartel fronterizo y se subieron al coche. Mendoza, con un susurró, le indicó al conductor hacia donde debían ir.

Sus labios formaron una sonrisa triunfal, mientras sacaba su arma de la funda de cuero y comprobaba las balas que tenía.

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Al mismo tiempo, en una camioneta, una mujer acababa de prometer algo que no quería cumplir, un favor doloroso al que no había podido negarse.

4 comentarios:

  1. Uffff Mendoza está sediento por encontrarlos... Y muy cabreado! Tengo ganas de leer el enfrentamiento, promete mucho!!
    La última parte del capítulo... Qué intriga!! Espero que no sea lo que estoy pensando...
    Muchas gracias, como siempre, genial!
    Un beso!

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  2. Gracias por el comentario, NoA.
    El próximo capítulo es el del enfrentamiento, en realidad, este es un episodio de transición, para que no quede en el aire cómo Mendoza logra localizarles.
    La promesa es desgarradora, y no tardará en cumplirse, pero no es una promesa entre Alicia y Fernando, Alicia no va a claudicar, ella está decidida y él no puede hacer nada por cambiar esa determinación.
    Un beso!!

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  3. MEnudo suspense!!
    Y no tengo ni idea de qué seá esa promesa, de verdad te lo digo...

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  4. Gracias por el comentario, María.
    la verdad es que no puedo adelantarte nada, la incógnita se desvelará este MIÉRCOLES, que será cuando cuelgue el nuevo capítulo.
    Un beso!

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