viernes, 23 de abril de 2010

Capítulo XXXVI


CAPÍTULO XXXVI

En el piso franco, se respiraba la tensión. El coche estaba ahora escondido en una zona cercana a Madrid, preparado para el momento de ir al rescate de Fernando, las octavillas aguardaban en dos maletas y Andrea esperaba en un cuarto la llegada de Alicia. Caminaba de una pared a otra, mordisqueándose el dedo pulgar de su mano derecha, y mirando con nerviosismo la puerta.

Cuando Alicia llegó, Andrea no le dio tiempo de entrar en la estancia, se abalanzó sobre ella y la increpó:

¿Qué ha pasado? ¿Has logrado convencerle?− Preguntó, pero antes de formular la última cuestión, supo que no lo había conseguido.

Alicia tenía la cabeza gacha y los ojos enrojecidos.

Está decidido. No atiende a razones, he intentado explicarle los riesgos que corre, pero no me ha escuchado. Y me ha pedido que te diga algo.

¿Qué?− Dijo Andrea, con el corazón acelerado.

Que él va a luchar, pero puede hacerlo por libre o siguiendo vuestras órdenes.− Dijo Alicia sin levantar la vista. No era capaz de aguantarle la mirada a Andrea mientras pronunciaba esas palabras.

¿Nos chantajea?− Exclamó indignada.

Ella simplemente movió la cabeza afirmativamente.

Lo siento, os he fallado, lo siento muchísimo.

Andrea la miró, estaba a punto de soltar un comentario sobre el gran error que supuso que ella le contase a Álvaro todo aquello, pero se frenó. Alicia tenía la cabeza tan agachada que apenas podía ver su rostro.

No es culpa tuya, has hecho lo que has podido, estoy segura.− La consoló Andrea.

De pronto Alicia se echó a llorar.

Y si… ¿y si le detienen? dios mío. ¿Y si lo matan? Le he arruinado la vida, primero le utilicé y ahora… No puedo más, no puedo más.− Sollozó mientras Andrea la sujetaba impidiendo que se cayera al suelo.

Alicia parecía estar al borde del desmayo. La tensión que había estado soportando desde que se enteró de la detención de Fernando le desbordaba, y los últimos acontecimientos... ya era demasiado. Se veía a sí misma como si estuviera en el ojo del huracán, un lugar en calma rodeado por un bucle de violencia. La culpa, el desasosiego, el cansancio, la angustia… un cúmulo de emociones difíciles de controlar.

Alicia, Alicia, escúchame. Vamos a solucionar todo esto, me oyes, todo va a salir bien. No le va a pasar nada a Álvaro.− La tranquilizó Andrea.

Pero él no puede participar, no debe…− Dijo, aún con la respiración alterada a causa del llanto.

Andrea no respondió, en su interior ya había empezado a asumir la participación del marido de Alicia como algo necesario, por la falta de gente, e inevitable, por el chantaje del propio Álvaro. Llevó a Alicia al sillón y fue a la cocina. Al cabo de un rato, regresó con un vaso de agua.

Toma, bebe un poco. Intenta serenarte.

Alicia obedeció y tomó el vaso con ambas manos. Temblaba de pies a cabeza y tenía hipo.

Yo vuelvo mañana y le convenzo. No sé como, pero le convenzo.

No hay tiempo para eso. Volverás, pero le darás instrucciones. Ya está hecho, si quiere participar, será siguiendo nuestras órdenes. Nadie actúa por libre.− Sentenció Andrea con voz acerada.− Por cierto, lo de mi identidad ya está resuelto, le he dado un contrato falso a Ramón Rivas, he tardado en convencer a mi amigo, pero al final ha accedido. Para cuando se descubra que es falso, estaremos lejos de aquí.− Añadió, intentando cambiar de tema.

Pero él… él no puede.− Negó Alicia, con el vaso temblándole en las manos, sin dar muestras de haber oído lo último que había dicho Andrea.

Él lo ha decidido, ya no puede echarse atrás. Esto no es un juego, ha tomado una determinación, ahora debe atenerse a ello.− Dijo Andrea, acercando una silla y sentándose frente a ella.

Alicia no habló, terminó el vaso de agua, se acercó a Andrea y le tomó las manos. Ambas se apretaron con fuerza las manos, no hizo falta decir nada. Al fin, se tranquilizó, segura de que, pasase lo que pasase, tenía una amiga con quien contar.

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Horas más tarde, lejos de allí, un hombre luchaba contra el tiempo. No podía evitar pensar en aquellos momentos como en una cuenta atrás. Cada vez quedaba menos para la pantomima del juicio y Fernando hacía balance de su vida.

Recordó a su padre, la noche en que murió, la noche en la que se dio cuenta de que el miedo no llevaba a ninguna parte. Era sólo un niño y aprendió una dura lección, tal vez por eso, por perder la inocencia tan temprano, a veces era demasiado estricto, tanto consigo mismo como con los demás.

¿Había hecho algún bien en el mundo? No estaba seguro, había luchado en Francia contra los nazis y en España contra los franquistas y no creía haber ganado ninguna de las dos guerras: Una le había arrebatado a Belle y la otra le había negado a Alicia. Tal vez ese era el problema, que siempre hubo algo mayor que él, un bien o una idea superior a su propia vida. Había luchado, sí, pero ¿había vivido? Sin duda intentó, pero los tiempos no acompañaban. No sabía vivir sin libertad ni sin justicia… Y no sabía vivir con los ojos cerrados y las manos quietas. ¿Era culpa suya? Tampoco lo sabía, al ver la muerte tan cerca se dio cuenta de que sólo tenía dos cosas claras: que no se arrepentía de haber peleado y que amaba a Alicia Peña Caballero.

Podría haber otras formas de lucha, pero él no las conocía, no sabía luchar contra las fieras sin sacar su propia fiereza, no sabía… Igual que no sabía respirar sin acordarse de Alicia. Recordó aquel día en el que atropelló a una bella muchacha, como si el destino hubiera decidido echar a uno en brazos del otro. Ella le llamó “idiota” en francés, al ver como había quedado su bicicleta… Fernando sonrió y la fría celda recuperó, en cierto modo, la calidez de aquel momento. Guardaba ese día entre sus recuerdos más preciados, fue el día que volvió a vivir, el día en el que Belle, por algún motivo, le dejó marchar.

Nunca podría expresar con palabras lo que ella había supuesto… Es difícil pensar que alguien pueda resucitar a una persona que está viva, pero ella lo hizo. Fernando andaba, comía, hablaba, pensaba, luchaba… pero no sentía, no desde que en una fiesta, en París, se vio obligado a apretar el gatillo y matar así a Belle. A partir de ese momento, sus sentimientos quedaron guardados, como en una capsula, y no les permitía salir o alterarse con otra emoción. Se quedó únicamente con el dolor de la culpa y de su ausencia. Pero Alicia lo rompió todo. Rompió la fachada que tanto tiempo había tardado en construir, rompió la capsula, el dolor y la culpa… y lo inundó todo. No estaba seguro de si ella había entrado en su corazón por medios propios o si fue él quien la dejó entrar, pero sabía que a ella no la había podido engañar. Alicia vio más allá del hombre frívolo que trabajaba en una productora… aunque tal vez él nunca quiso engañarla. Recordaba esas conversaciones en las que Alicia huía de él, enfadada y decepcionada, y él corría tras ella diciéndole que aún tenía mucho por ver.

Fernando acarició inconscientemente la manta. Fueron los dos: ella le salvó y él quería ser salvado. Pero ¿Por qué lo permitió? Ella ahora mismo estaría angustiada por su encarcelamiento, pensando en qué hacer. O tal vez no, puede que esos abogados españoles que se habían arriesgado para presionar al Régimen fueran dos desconocidos, puede que él para ella no hubiese sido más que ese primer amor por el que todos pasamos… quizá Alicia era feliz con su nueva vida. Fernando sintió celos, por primera vez en mucho tiempo, y se sintió mezquino por ello. Alicia tenía derecho a seguir adelante… sin él.

Se dio la vuelta en la cama y, apretando la cara contra la manta, lloró. “Si pudiese verla sólo una vez más, sólo una…”.

6 comentarios:

  1. Gracias!!! Precioso!!! Tengo ganas de leer ya el rescate jejej. Pero sobre todo, leer el reencuentro de Fer y Ali. Fue una de las cosas que más se echó en falta en la cuarta temporada; como Fernando piensa "una vez más, solo una". Que bonito recorrido a los pensamientos que seguro que a Fernando se le pasaron por la cabeza en esos momentos. Me he emocionado al leerlo.
    Mil gracias!!! Un beso!

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  2. Gracias.
    Yo también eché de menos eso... que se vieran Ali y Fer, que mostraran las emociones y los pensamientos de Fernando durante su encarcelamiento... Pero lo trajeron para matarle, no para contar una historia. :(
    Un beso!

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  3. SE acerca el dia D, hora H. LA tensión en la historia va creciendo por momentos. ¡MUY BIEN, SLAYER!
    Me pregunto que papel jugará Álvaro en todo esto.

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  4. Pues sí, cada día está más cerca el día D.
    Álvaro y Alicia se encargarán de la parte menos arriesgada, pero esencial para que todo salga bien.
    Un beso y gracias por tus palabras.

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  5. He leido de un tiron los 5 ùltimos capitulos y espero ansiosa al viernes. Habrà reencuentro entre Fernando y Alicia ? Que harà Alvaro ? Me tienes enganchada .
    Gracias y un beso !

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  6. Muchas gracias por tus palabras, Anne.
    La implicación de Álvaro es trascendental a dos niveles:
    - La misión depende en cierta medida de ello, pues no les sobra gente.
    - Él está explorando un lado de sí mismo que no conocía, una fuerza que no sabía que tenía.

    En cuanto a Ali y Fer, no puedo adelantar mucho, salvo que el romanticismo tardará en llegar.

    Un beso!!!

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