viernes, 16 de abril de 2010

Capítulo XXXV


CAPÍTULO XXXV

¿Tan difícil es de entender?− Repitió por tercera vez.− Quiero seguir adelante y no podré hacerlo si ahora me hago a un lado.

Álvaro, esto es muy arriesgado, piensa en Pedrito, piensa…− Intervino Alicia con voz trémula.

Pienso en lo que le diré cuando en el periódico salga tu foto junto a la de otros, porque has sido fusilada o peor, cuando te conviertas en una más de los millones de desaparecidos. Pienso en la imagen que quiero que tenga de su padre, en eso pienso.− Sentenció él con una dureza en su voz, hasta entonces desconocida.

Pero ellos no lo permitirán…− Dijo ella con un deje de súplica.

¿Que no lo permitirán? ¿Qué tienen ellos que permitirme?− Soltó Álvaro en un arrebato; luego al darse cuenta de lo infantil de su argumento, añadió.− El riesgo es mío y por lo que sé, el peligro andará en otra parte ¿no?

Alicia no supo qué decir. Estaba decidido, enfadado y convencido de que para seguir adelante tenía que hacer eso, como si no hacerlo fuese a significar vivir anclado en ese momento toda su vida, reconcomido por la culpa del “pude haber hecho más.”

No vale con tomar una decisión, es más que eso, hay un plan, hay unas normas, un protocolo, si uno se pone en peligro, pone en peligro al resto ¿lo entiendes? No se reduce sólo a tu vida, esto se extiende al grupo entero, si cae uno… caen los de alrededor.− Argumentó Alicia, pensando en la cara que habría puesto Andrea de haberla oído decir eso.

Álvaro la miró y, por primera vez, su semblante convencido tuvo un asomo de duda y preocupación. Entonces se acercó a Alicia y pidió:

Dime qué debo hacer y qué no debo hacer, explícame cómo hacerlo, pero no esperes que me eche atrás, porque no lo voy a hacer… no puedo. Habla con quien tengas que hablar, yo asumiré mis responsabilidades ante quien sea, pero voy ayudar.− Hablaba con la calma propia de quien tiene claro lo que va a hacer.

Alicia se imaginó fugazmente a Andrea dándole instrucciones a Álvaro y se sintió culpable por albergar esperanzas en que él participara.

No es tu vida, Alicia, no tienes derecho a decirme ni a aconsejarme nada. Ya no.

Ella le miró sorprendida, luego bajó la mirada. No se atrevía a hablar, ni tan siquiera las palabras de agradecimiento, que deseaba pronunciar, acudían a sus labios.

No creo que esté diciendo nada descabellado ¿o sí?

¡Sí!− Soltó Alicia con energía renovada.

¿Por qué?− Preguntó Álvaro con un tono ciertamente apático.

Por que esto es una misión para salvar a Fernando y él es la razón por la que yo me he ido de casa.− Respondió de golpe. Al momento de decirlo se mordió el labio inferior, arrepentida, sabiendo que eso había sido demasiado hiriente, demasiado directo… demasiado cierto.

¿Acaso crees que me voy a vengar haciendo fracasar la misión? ¿Me crees capaz de hacer algo tan ruin?− Inquirió él, indignado.

No.− Negó Alicia.− Pero resulta extraño, entendería que no quisieras saber nada de mí, pero en lugar de eso te interesas por la misión y además pretendes ayudarme… Lo siento, Álvaro, pero no lo entiendo.− Sentenció.

Ya te expliqué mis razones. Si no supiera nada de esa misión, sería distinto, pero sé cosas, sé qué pretendéis hacer, sé que la vida de un hombre depende del éxito de esta misión… y sé que tú estás en ella. No puedo ignorar todo eso, Alicia, no puedo, jamás me perdonaría que sucediera algo. Jamás.− Había estado a punto de decir “jamás me perdonaría que te sucediera algo”, pero frenó sus impulsos, no podía decirle a Alicia la razón última de su afán por ayudar. Sería demasiado doloroso para ambos.

Ella seguía sin comprender por qué Álvaro habría de culparse y sólo supo decir:

No puedo convencerles de que te dejen participar, lo siento. Lo has intentado… ¿no es suficiente para ti?

Diles lo siguiente: Voy a ayudarte, puedo hacerlo bajo sus órdenes o por mi cuenta, que decidan ellos cómo quieren trabajar.− Replicó con dureza.

Eso es chantaje.− Exclamó Alicia cada vez más sorprendida.

Él se limitó a mirarla con el ceño fruncido, luego se dio la vuelta y cerró los ojos.

Alicia no veía su rostro y le observaba con preocupación.

¿Por qué no te vas?− Peguntó él con acritud.

Alicia no se vio con fuerzas para responderle, fue andando lentamente hasta la puerta y, antes de traspasar el umbral, le dedicó una última mirada. Álvaro seguía de pie, dando la espalda a Alicia. Cerró la puerta y subió a la azotea, mientras la culpa y la pena se iban adueñando de su pecho. “¿Qué le he hecho? ¿En qué le he convertido? Habría sido mejor que nunca nos hubiésemos conocido”. Mientras ella subía los peldaños, responsabilizándose de la imprudencia y temeridad de Álvaro, él se desplomó sobre el sillón y lloró por lo perdido, pero sobre todo, lloró por el miedo que le abrasaba las entrañas desde que Alicia se fue de casa: El miedo a que ella muriera.

3 comentarios:

  1. Pobre Ali, siempre culpándose de todo... Madre mía, que dilema le has planteado! La organización en una misión debe ser estricta, nadie debe hacer lo que quiera y eso Andrea se lo ha dejado claro; y cuando va a hablar con Álvaro se encuentra con esa situación.Pobrecilla.
    Interesante que la razón de Álvaro sea ayudarla a ella; siempre lo fue, siempre que intentaba "hacer algo" su razón era Alicia.
    Una vez más, expones una situación muy acorde con los personajes que nos presentaron. Eres increible!!
    Gracias!! Que ganas de leer más :P jejej. Un beso!

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  2. SLAYER- enhorabuena! has clavado a ÁLvaro. PAlabras las justas, ni una más ni una menos. Álvaro tenía un fuerte sentido de la justicia y de la ética, y eso es lo que haría el personaje.
    Al final se queda roto de dolor.
    JO!

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  3. Me alegro que os haya gustado a las dos!!!!!!
    Sí, Álvaro sabe que en su futuro no estará Alicia, pero no puede ignorar la situación en la que ella se encuentra ahora, ni el hecho de que mucha gente se está arriesgando.
    Alicia cree que ella le ha cambiado, que le ha amargado, pero pronto descubrirá que ella no ha hecho tanto mal en él como cree.
    Un beso a las dos.

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