viernes, 9 de abril de 2010

Capítulo XXXIII


CAPÍTULO XXXIII

La lluvia caía con fuerza mientras una empapada Alicia corría por las azoteas. Cuando llegó al piso, tenía el frío metido en el cuerpo. Se cambió de ropa y, aún tiritando, fue a hablar con Andrea, sabiendo que lo que le iba a contar no le haría ninguna gracia.

¡¿Qué!?− Gritó por tercera vez.− Pero ¿cómo se te ocurre contarle eso? ¿Quieres que nos descubran? Pensé que habías entendido el peligro que esto conlleva; la discreción, Alicia, no es un capricho, es pura necesidad.

Lo siento, Andrea, sé que hice mal.− Se disculpó Alicia con un hilo de voz.− Él insistió tanto… necesitaba saberlo.

¿Que necesitaba saberlo?− Repitió, perpleja.− Lo último que necesita es saber lo que estamos haciendo. Le has puesto en peligro ¿lo entiendes?

Él sabe a lo que se expone, además no va a participar

Hombre, lo que nos faltaba.− Soltó Andrea.

Sólo quería saber si necesitaba ayuda.

Alicia, déjale muy claro que no va a participar, cuando te conté que no tenemos suficiente gente, no pensé que fueses a tomártelo así.− Comentó ella con decepción.

Y no me lo tomé así.− Se defendió Alicia, indignada.− No tuve más opción que decirle algo, no es que fuera allí expresamente a buscar colaboración, ni siquiera pensaba verle, nos cruzamos en la escalera.

Bueno, eso ya da igual. Mañana le verás otra vez ¿no es así? Pues quiero que zanjes esta locura cuanto antes.− Ordenó Andrea con voz angustiada.− No fue buena idea aceptarte en el grupo.− Murmuró.

Alicia se puso en pie, enfadada por el comentario.

He logrado el dinero que necesitábamos vendiendo un objeto muy preciado para mí y he guardado las apariencias, mejor que tú, incluso: a ojos de todos, yo ahora soy una respetable mujer que se encarga de la casa mientras su marido trabaja. Tu identidad, en cambio, no es tan creíble ¿quieres que te lo eche en cara?− Le espetó Alicia con voz peligrosamente suave.

Andrea bajó la mirada, sabía que había sido demasiado dura, pero temía que ella estuviese siendo descuidada.

Tienes razón.− Musitó.− Pero quiero que seas consciente de lo que nos jugamos, no se puede confiar en todo el mundo, Alicia.

En Álvaro, sí.− Dijo, furiosa.

Seguro que sí, pero le expones. Y no me parece bien que él participe. Es tu marido y sabe que tú…− Objetó Andrea incapaz de acabar la frase.

Sí, sabe que yo estoy enamorada de Fernando.− Concluyó Alicia y bajó la cabeza.

Andrea pensó fugazmente en Antonio y en Mario.

Por eso creo que él no debería

No va a participar.− Aseguró ella con rotundidad.

Pero eso se lo tienes que hacer entender ¿de acuerdo?− Dijo Andrea con suavidad.

Alicia asintió.

Andrea, tengo que preguntarte algo.− Dijo bajando la mirada.

Dime.

¿Es posible conseguir un visado? Para mí, quiero decir. Quiero volver a Francia con… con vosotros.− Murmuró.

¿Volver?− Se extrañó Andrea.

Me crié en París, vine a España hace poco más de un año.− Respondió Alicia.

Bueno, hay formas de conseguir la documentación, una vez estemos allí, no creo que ese sea el mayor de nuestros problemas.− Comentó Andrea.

Ambas se miraron, sin saber qué decir, tensas aún por la discusión.

Lamento haberte culpado de lo de tu identidad, no creo que sea responsabilidad tuya.− Se disculpó Alicia, tras unos minutos en silencio.

Lo es, pero da igual.

¿Podrás arreglarlo?

Sí, eso creo. Mañana.

Finalizaron así la conversación. Andrea se sentó a la mesa y se puso a escribir en una pequeña cuartilla, mientras Alicia se acercó a la ventana y permaneció observando los tejados empapados y brillantes de las casas cercanas, bajo esa luz perlada, propia de las tormentas, mientras su mente iba de Álvaro a Fernando y de Fernando a Álvaro, hasta que se decidió a formular una pregunta que llevaba rondando su mente durante hacía tiempo.

Andrea.

¿Sí?− Dijo esta, levantando la vista del papel.

¿Por qué volvió?

Perdona, no te entiendo.− Dijo Andrea, confusa.

Fernando. ¿Por qué regresó a España?

Una misión.− Respondió escuetamente y volvió posar la pluma sobre el papel.

Ya lo imaginaba, pero ¿qué clase de misión?− Inquirió Alicia, impaciente, con la mirada perdida en la lluvia.

Había que neutralizar a un topo. Un traidor que estaba delatando a muchos camaradas.− Explicó Andrea sin dejar de escribir.

Neutralizar… ya. Y lo consiguió, claro.

No, el topo le atrapó a él. Es lo que hemos logrado averiguar, al menos, pero la fuente es… de toda confianza.− Aclaró Andrea, recordando su charla con el guardia.

Entonces ¿por qué has dicho “estaba delatando”?

Por que actualmente se encuentra en el edificio de Puerta del Sol… custodiando a Fernando.− Concluyó Andrea.

De repente crujió la puerta y ambas pegaron un respingo. Andrea se levantó y se interpuso entre Alicia y la entrada. Al ver a Charles, las dos suspiraron con alivio. No venía solo, le acompañaba un hombre de unos cuarenta años, de pelo negro, ojos vivaces y piel morena muy curtida. Cada uno portaba una maleta.

Déjala ahí.− Indicó Charles al otro hombre, una vez hubo cerrado la puerta, al tiempo que él posaba la maleta en el suelo.

¿Ya están listas? ¿Todas?− Preguntó Andrea sin ocultar su sorpresa, mientras se acercaba a los dos hombres.

Sí, ha sido un gran riesgo venir con ellas ahora, pero no había otra opción, es posible que su casa.− Explicó, señalando con una seca cabezada al otro hombre.− ya no sea un lugar seguro.

Alicia había permanecido en el salón, contemplando la escena con una mezcla de angustia y curiosidad, hasta que el desconocido la miró directamente y, un segundo después, se acercó a ella, tendiéndole la mano con una sonrisa. Alicia, dubitativa, le dio un fuerte apretón.

Creo que no nos conocemos. Me llamo Fisco.

Encantada, yo soy Alicia… ¿Fisco?− Se extrañó ella.

Bueno, en realidad mi nombre es Francisco, pero nadie me llama así. Todos me llaman “Fisco” porque nadie me deja un céntimo a deber.− Explicó el hombre con simpatía, al tiempo que se encogía de hombros.

Por como hablaba, era como si conociera a Alicia toda la vida, algo que a ella le agradó, pues le resultaba muy agotador el hecho de tener que desconfiar de todo y de todos.

Luego se sentaron y hablaron. El plan comenzaba a materializarse.

3 comentarios:

  1. Como siempre genial!! Andrea me ha recordado a la desconfianza que Fernando siempre sentía hacia todos.
    Leer los diálogos es como si estuviese oyendo a las actrices decirlos, son muy propios de los personajes!
    Una vez más, gracias por el capítulo!!! Un beso.

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  2. Muy bien Slayer!!
    ES como si lo estuviera viendo, todo es muy creíble.
    Veremos a ver que pasa y el plan que tiene Andrea. ;)

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  3. Muchas gracias a las dos.
    Y me alegro de que digáis que es creíble, porque siempre intento imaginarme a los personajes haciendo y diciendo las cosas... cuando no consigo imaginarlo, lo borro.
    Un beso!!

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