viernes, 2 de abril de 2010

Capítulo XXXII


CAPÍTULO XXXII

Ya está, han puesto fecha para el juicio. Debemos movilizar al resto inmediatamente.− Dijo Andrea con firmeza al tiempo que tiraba un periódico sobre la mesa.

La trivial conversación de Alicia y Charles se cortó. Él se sentó en una de las sillas dispuestas alrededor de la mesa y acercó el periódico; tras leer únicamente el titular, se puso en pie. Alicia se levantó del sofá y con pasos tímidos se fue acercando a la mesa.

Quedaos aquí, yo me encargo de esas gestiones.− Ordenó Charles mientras se ponía el abrigo; Frenó en seco y, mirando a Andrea, añadió.− Explícale lo que haremos.

Él se fue y Andrea permaneció unos segundos observando la puerta con aprensión. Luego giró la cabeza y vio a Alicia, paralizada frente al periódico. Se acercó y, agarrándola de los hombros, la alejó de la mesa.

Ambas se sentaron en el sofá.

Sabías que esto iba a pasar.

Alicia no daba muestras de haber oído nada. Durante un tiempo sólo se escuchó el golpeteo de la lluvia en los cristales de la ventana que tenían a su espalda.

Sólo era cuestión de tiempo.− Prosiguió Andrea.− No es tan malo.

Alicia la miró ceñuda.

Me refiero a que nuestra misión depende de ello.− Aclaró, pero ella seguía mirándola con dureza.− Alicia, nuestro plan no es sacar a Fernando de allí, eso lo harán ellos por nosotros.

La expresión molesta de Alicia se tornó en concentración y al final dijo:

¿Planeáis liberarle durante el traslado?

Más o menos; Es un poco más complicado.

Pero hará falta mucha gente, yo pensé

Que íbamos a entrar allí pegando tiros.− Sugirió Andrea con una sonrisa.

Alicia sonrió y bajó la mirada, algo abochornada.

Si es necesario, se hará, pero en principio, será algo más sutil.

Hubo unos segundos de silencio, Andrea observaba a Alicia, pero ella parecía estar perdida en sus pensamientos. De repente sonrió con nostalgia, levantó la vista y vio la mirada interrogante de Andrea.

Acabo de recordar algo que me dijo, bueno, que me escribió Fernando.− Alicia alzó la cabeza y, con aplomo, recitó unas frases que, a fuerza de releer, había terminado por memorizar.− “Nos imagino paseando por los jardines de Luxemburgo, sentándonos a tomar un café en alguna terraza del bulevar Saint Germain”.− Y volvió a bajar la cabeza, mientras las lágrimas asomaban a sus ojos.

Andrea permanecía observándola, con la cabeza ladeada.

Y ¿por qué pensabas en eso ahora?− Inquirió.

Ella miró a los ojos de Andrea y murmuró:

Por que necesito creer que todo eso va a pasar, necesito creer que es algo más que una promesa dormida.

Seguro que sí.− Afirmó Andrea, aún sabiendo que la situación no era nada halagüeña.

Alicia pestañeó un par de veces y se dirigió a Andrea.

Bueno ¿entonces ya está todo listo para liberar a Fernando?− Preguntó, cambiando bruscamente de tema.

No, lo cierto es que no… El plan está hecho, pero nos falta gente, ya lo sabes.− Contestó ella y una diminuta arruga apareció en su frente.− Unos deberían encargarse de liberar a Fernando y otros, de vaciar la comisaría.

¿Vaciar la comisaría?

Una maniobra de distracción, nos descubrirán, tarde o temprano, pero si hay pocos policías en la comisaría, hay más posibilidades de huir.

¿Y qué clase de maniobra de distracción habíais planeado?

Una lo suficientemente grande como para sacar a los policías del edificio en el que Fernando está siendo custodiado, pero no tan espectacular como para que sospechen que guarda relación con él. Eso haría que doblaran la seguridad.− Explicó Andrea.

Alicia permanecía con expresión de perplejidad.

Octavillas.− Concluyó Andrea.

Pero eso no sacará a muchos policías de allí.− Exclamó Alicia.

Muchas octavillas.− Dijo, poniendo énfasis en la primera palabra.− Arrojadas en calles cercanas, pero por las cuales no tendríamos que pasar, de modo que tendríamos alejados de nosotros a un buen número de policías.

Yo podría hacerlo.− Se ofreció Alicia, al tiempo que se ponía en pie.

Hay un problema.− Murmuró Andrea, mientras negaba con la cabeza.− Harían falta, como mínimo, dos personas para ese cometido: como te he dicho, son muchas octavillas.

Alicia volvió a sentarse lentamente, parecía realmente agotada. De repente se puso en pie de nuevo.

Debería ir a casa de Álvaro.

No puedes meterle en todo esto.− Dijo Andrea, agarrando a Alicia de la muñeca.

No es eso.− Aclaró Alicia.− Es que dudo mucho que la policía haya dejado de vigilar el piso y hace tres días que no voy por allí… si sigo si aparecer, sospechará, conviene, aunque sólo sea, que me vea salir del portal.

Pero ¿cómo vas a salir del portal sin haber entrado?

Eso no es problema, me voy.

Alicia… ten cuidado.

Ella asintió mientras se ponía el abrigo. Miró su reloj, eran poco más de las nueve. Mientras bajaba las escaleras, intentó pensar en el horario de Álvaro, pero lo había olvidado ¿tenía clase a esa hora los martes? Hacía poco tiempo, lo habría sabido, pero ahora dudaba; Eso le produjo cierto malestar, pero no supo el porqué.

Cuando llegó a una calle cercana se coló en otro edificio, para evitar que alguien la viese y saltó los muros que separaban azoteas. Alicia pensó que aquello se estaba convirtiendo en una costumbre, como poco, desagradable.

Llegó por fin a la azotea de Álvaro y bajó las escaleras, pero al llegar al rellano que daba entrada al piso, escuchó un crujido y, con el corazón acelerado, observó como la puerta se abría, mientras ella permanecía congelada dos escalones más arriba. Álvaro salía de la casa, llevaba el abrigo colgado de un brazo y al mirar inconscientemente a un lateral, vio la cara desencajada de Alicia. Él se quedó inmóvil, con la mano sosteniendo las llaves.

Ya me voy.− Musitó Alicia.

Alicia, entra, por favor, entra.− Pidió Álvaro al tiempo que subía el par de peldaños que los separaban y la agarraba de un brazo.

Ella le miró y cedió.

¿Por qué has venido?− Preguntó él una vez que estuvieron dentro de la casa.

Lo siento, pensé que la policía seguiría vigilando tu piso y que sería conveniente que yo me dejase ver.− Explicó ella sin poder evitar el tono de disculpa.

Sí, continúa allí abajo.− Dijo.

Perdóname, Álvaro, te estoy entreteniendo, tendrás que ir a la facultad.

Aún no, iba a recoger un libro que había encargado, pero puedo hacerlo por la tarde.− Comentó él que evitaba la mirada de ella por todos los medios.− Dime cómo estás, pareces cansada.

Alicia no contestó, necesitaba desahogarse con alguien, pero no podía usarle de esa manera, era demasiado doloroso.

Estoy bien.− Mintió.

Siempre has mentido mal.

Ella se puso rígida.

Dime qué ocurre, yo te lo he preguntado, dame al menos ese gusto.

¿Te vas a sentir mejor si te digo que no duermo? suena un poco sádico.− Comentó Alicia con ironía.

Álvaro sonrió.

No me refería a eso.

Ya lo sé.

De repente Alicia fue consciente de algo: habían vivido como un matrimonio o, al menos, lo habían intentado y ahora sólo les quedaban algunos recuerdos y muchos silencios, demasiados. Silencios que escondían secretos, conocidos por ambos, pero tan dolorosos que no se atrevían a pronunciarlos en voz alta, era mejor que siguieran viviendo en el silencio.

Independientemente de lo que ha pasado, sabes que puedes pedirme ayuda.− Soltó Álvaro de repente.

No sería justo.− Respondió Alicia.

Poco importa lo que es justo, hoy por hoy.− Suspiró él con esa mirada derrotada que Alicia ya conocía.

Sí que importa, a mí me importa y a ti, también.

Pídeme ayuda si la necesitas, aunque sea injusto que lo hagas, tal vez pueda evitar una injusticia aún mayor ¿no?

Sencillamente no tenemos toda la gente necesaria, Álvaro, pero tú no puedes ayudarme, créeme, no puedes… Aún así, gracias, por todo.− Replicó Alicia con dulzura, mientras se levantaba del sillón.

¿Por qué piensas que yo no puedo ayudar?− Preguntó él, molesto.

Tú no puedes… No debes implicarte.− Contestó ella con nerviosismo, acercándose a la puerta lentamente; quería zanjar esa conversación cuanto antes.

¿Eso lo decides tú? Mira Alicia, lo único que me tengo ahora mismo, lo único que me sobra, es tiempo. Tiempo que tengo que llenar de algo si no quiero volverme loco.− Exclamó él desesperado, al tiempo que iba hacia Alicia.

Álvaro tú tienes un hijo, no puedes correr los riesgos que corro yo.− Espetó ella con brusquedad.

Deja que sea yo quien valore los riesgos.− Repuso Álvaro con firmeza.

Alicia negaba con la cabeza, al mismo tiempo que retrocedía, dirigiéndose a la puerta que tenía a su espalda. Él dio un paso hacia ella, mirándola con furia.

Yo no puedo hacerte eso.− Murmuró ella.

¿Crees que quiero? Ahora mismo lo único que me apetece es meterme en la cama y dormir hasta que las heridas cicatricen, pero me da miedo que el día de mañana tenga que echarme sobre los hombros tu muerte, la muerte de Fernando y dios sabe de cuantos más. Tú no estarás en mi vida, haga lo que haga, pero mi conciencia seguirá conmigo irremediablemente y no quiero ser culpable de nada. No podría vivir pensando que si no hice nada, fue por rencor.− Explicó Álvaro.

Daba la impresión de llevar mucho tiempo deseando soltar eso y Alicia no pudo evitar llorar, mientras él explicaba sus razones.

No puedo Álvaro, no puedo

Sí puedes.

Ella le miró, sabiendo que no iba a ceder.

Siéntate.− Suplicó ella.

Ambos se sentaron y hablaron durante largo rato. Alicia continuó rechazando su ayuda, pero acordaron verse al día siguiente, luego ella salió por la puerta, fue a comprar un par de cosas y volvió al piso. Más tarde, subió a la azotea.

5 comentarios:

  1. diosssss!!! no me digas que va ser áLvaro el que tire las octavillas.
    Muy bueno el capi!!

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  2. Slayer, me he encogido al escuchar las palabras de ambos, Alvaro y ALicia. ES realmente emocionante.
    Que pena que acabe 'mal' (jajaj, que mala soy).
    ESpero que ÁLvaro pueda llegar a ser feliz sin ALicia. O por lo menos que no muera.

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  3. Me alegra leer que lo has encontrado emocionante.
    Digamos que Álvaro teme ser egoista, es un situación muy delicada, con un hombre en peligro y unos cuantos exponiéndose para salvarle... Y Álvaro teme por la vida de Alicia y de los demás. No quiere vivir con un "Y si hubiera hecho..."
    Un abrazo!!!!

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  4. Una vez más, genial!!! Por lo menos, el plan de Andrea tiene una base sólida aunque no cuenten con gente; nada que ver con la chapuza que dieron en la cuarta jajaj.
    En cuanto a Álvaro... En la serie siempre mostraron que solo hacía algo por Alicia, porque ella lo supiese o porque ella lo exigiese; esa es la sensación que me ha dado al leerlo ;) Aunque aquí Alicia dice que no lo haga; pero es la sensación que he tenido.
    Gracias!! Que ganas de leer más :D!! Un beso!!

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  5. Gracias por tus palabras NoA.
    En cuanto a Álvaro... intento dignificar al personaje, darle una mayor identidad (hasta se cabrea!!), lo que hace no es por Alicia (en mi relato, no, en la serie, es otro tema), sino porque la justicia es algo importante para él y tiene miedo deno estar siendo consecuente con ese principio, tan arraigado en él, por la situación que está pasando.
    De hecho hará más de lo que se espera, por ese motivo, no quiere vivir con un cargo de conciencia tan grande.
    Un abrazo!

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