viernes, 12 de marzo de 2010

Capítulo XXIX


CAPÍTULO XXIX

Se nos acaba el dinero.− Sentenció Charles tras hacer cuentas por quinta vez.

Alicia llevaba cuatro días conviviendo con Andrea y Charles y ya se había preguntado más de una vez cómo podrían subvencionar esa misión. El partido no podía aportar más de lo que ya había cedido, pero la misión seguía exigiendo: más tiempo, más gente y más dinero.

Comemos poco.− Soltó Andrea de pronto y Charles y Alicia no pudieron aguantar la risa ante semejante comentario. Andrea chasqueó la lengua y continuó.− Bueno, ¿en qué podemos ahorrar?

En comida, no.− Declaró Charles con sorna.

Vale ya.− Pidió Andrea, aunque a ella también se le dibujaba una sonrisa en la cara.

¿Y no podemos sacar dinero de alguna parte?− Propuso Alicia con timidez.

No creo.− Respondió Andrea.

Yo cogí un poco de dinero y ropa antes de irme, puedo vender la ropa y conseguir más dinero.− Dijo ella esperanzada mostrando lo poco que tenía.

Charles miró el escaso dinero que Alicia sostenía en la mano.

Algo hará, pero seguimos quedándonos cortos, sobre todo me preocupa la gasolina… si no tenemos dinero para comprarla, no sé cómo vamos a salir del país.

Lo de la ropa, ni te molestes, la necesitarás y no te darán casi nada por ella.− Le dijo Andrea.

Alicia miró por un momento el guardapelo de plata en el que llevaba las fotografías de sus padres. Pensó en lo que podría sacar por él, pero de pronto se acordó de algo.

¿En qué piensas?− Inquirió Andrea al ver la cara absorta de Alicia.

Es que… acabo de recordar que mi padre me dejó en herencia un cuadro, “Susana y los viejos”, y bueno, él siempre pensó que era una joya, aunque al final no lo era tanto, pero seguro que podría sacar un buen dinero por él; mi tía me dijo que el tasador pudo equivocarse al valorarlo.

¿Dónde está ese cuadro?− Preguntó Andrea temiendo la respuesta.

En casa de Álvaro.

Tu marido.− Concretó Andrea.

.− Admitió Alicia y bajó la mirada. La sola idea de volver a esa casa únicamente para vender un cuadro le rompía el corazón, pero si no había más remedio, lo haría.

¿Crees que te ha podido denunciar por abandono del hogar?

¿Quién? ¿Álvaro? Imposible.− Respondió.

Si crees que puedes sacar dinero por él, ¿por qué habría que tasarlo antes?− Tanteó Charles.

Si quiero sacar el máximo, debería hacerlo así, mi tía pidió que lo tasaran y el hombre dijo que no valía gran cosa, pero sospecho que... bueno, creo que otra tasación nos vendría bien.− Argumentó ella esquivando el tema de su tía Regina.

Ya, pero las tasaciones se pagan.− Dijo Charles.

Estoy segura de que el cuadro nos ayudará.− Sentenció Alicia con un extraño convencimiento. En esos momentos, tenía la necesidad de creer que su padre le había dado las armas para seguir luchando, sólo tenía que seguir su instinto y aprender a usarlas.

Charles se encogió de hombros y Andrea asintió con la cabeza.

¿Salgo ahora?− Dudó Alicia.

Convendría.− Respondió Charles con una media sonrisa.

Alicia se puso el abrigo y cogió su cartera de cuero. Confiaba en encontrar a Álvaro en casa y, al mismo tiempo, esperaba no tener que mirarle a los ojos.

Durante todo el camino se mantuvo alerta, por si la seguían o veía a alguien con aspecto de policía. Cuando llegó, se quedó quieta mirando el portal. Cerró los ojos mientras tomaba aire y cuando volvió a abrirlos, empujó la puerta con decisión.

Subió las escaleras y se detuvo otra vez frente a la puerta de entrada, eran como pequeños obstáculos, pruebas de su determinación. Buscó en el bolso las llaves, pero al segundo dejó de hacerlo. No le parecía correcto usarlas, aquella ya no era su casa y entrar de ese modo sería como invadir el espacio de otra persona.

Llamó a la puerta. Escuchó unos pasos al otro lado y al momento la puerta se abrió. Tenía la cabeza tan agachada que supo que era Álvaro por sus zapatillas; al fin se decidió a levantar la cabeza y vio su rostro: tenía el cabello despeinado, profundas ojeras y el mismo halo de tristeza que la última vez. Al verla, su expresión no cambió en absoluto, como si supiera que su visita nada tenía que ver con un arrepentimiento.

Hola.− Dijo Alicia en un susurro.

Álvaro no contestó al saludo, se hizo a un lado y con un seco movimiento de brazo indicó que pasara.

No quisiera molestar, pero necesito algo que dejé aquí.− Se disculpó Alicia, un poco aturullada por la situación y el frío recibimiento de Álvaro.

No molestas.− Dijo Álvaro con voz ronca.

Ella le miró con preocupación: llevaba puesto el batín y parecía llevar días sin afeitarse, incluso llegó a dudar que hubiera ido a la universidad. La casa olía a cerrado, todo tenía cierto aire de abandono.

Bueno, cojo lo que tengo que coger y me voy.− Soltó.

He dicho que no molestas, no hace falta que corras.− Repitió él con tono agrio.

Alicia se quedó quieta, observándole con expresión asustada. Él se dio cuenta y cambio su expresión, intentó sonreír, pero parecía haber olvidado cómo se hacía.

¿Qué necesitas?− Preguntó, conciliador.

He venido a por el cuadro que me dejó mi padre, el de “Susana y los viejos”.− Explicó ella.

Si Álvaro encontró extraña la petición, lo disimuló bien, ya que su expresión no varió.

¿Para qué?− Continuó preguntando.

Alicia dudó antes de contestar.

Voy a venderlo.− Respondió escuetamente.

¿Y vas a irte con él?

Por un momento, Alicia pensó que se refería a Fernando y eso hizo que le temblaran las piernas, segundos después comprendió que hablaba del cuadro.

Sí, ya veré dónde lo vendo, dónde me den más dinero, claro.

Es raro.− Comentó él con expresión distraída.

¿Qué es raro?− Inquirió Alicia que cada vez estaba más preocupada por el comportamiento de Álvaro.

Te verán con el cuadro por la calle.− Argumentó él.

Me da igual que me vean.− Soltó Alicia con total sinceridad.

Te pedirán explicaciones, yo he dicho que estabas de viaje, que necesitabas cambiar de aires por un tiempo.− Explicó Álvaro.

Pero ¿de qué hablas?

Álvaro miró a Alicia y se dio cuenta de que ella no tenía la menor idea de lo que estaba pasando.

La policía. Me han estado vigilando, ayer vino uno a hablar conmigo, a preguntarme porqué no salías de casa, exigía hablar contigo o verte.− Explicó él mientras el nerviosismo iba haciendo mella en Alicia.

¿Sigue aquí?− Preguntó ella sin disimular su temor.

Pues... desde hace cuatro días siempre hay alguno rondando.− Respondió al tiempo que se acercaba a la ventana y observaba la calle con discreción, sin apenas mover la cortina.− Sí, ese es uno de ellos, el del bocadillo.− Dijo señalando a un extremo de la calle.

¿Y si entra y pregunta por mí? Seguro que me ha visto entrar

Estás aquí, no hay problema.− Contestó con aplomo.

Ya, pero yo tengo que irme, Álvaro, tengo que regresar ¿entiendes?− Explicó con un deje de histerismo en su voz.

Si no das la cara, sospecharán, si te ven, creerán que todo está bien.− Razonó Álvaro.

Pero ¿cómo me voy luego? ¿Y si me siguen? ¿Por qué está aquí esa gente?− Preguntó ella que parecía estar superada por la situación.

Álvaro observó a Alicia, luego bajó la mirada y se echó un vistazo a él mismo. No parecía estar en condiciones de ayudar a nadie en aquel momento, pero no había otra posibilidad. Se acercó a ella y, agarrándola por el brazo, la llevó hasta el sofá.

Tranquilízate, debes mantener la calma.

No puedo.− Dijo ella casi gritando.

Pues tienes que poder.− Le espetó él con severidad.

Alicia respiraba entrecortadamente y sus manos temblaban sin control.

No sé porqué está aquí la policía, pero creo que tiene que ver con Fernando, tal vez quieran tenernos vigilados para evitar disgustos. Él es un preso importante para ellos.− Argumentó Álvaro, aunque tenía la sensación de que algo se le escapaba.

¿Y cómo salgo yo de aquí con el cuadro sin llamar la atención? ¿Y cómo vas a explicar que el lunes tampoco voy a ir a la facultad?

Seguramente ese hombre de la plaza está a punto de subir por las escaleras, si no lo está haciendo ya. Debe ver a una mujer tranquila. De tú capacidad para guardarte dentro todo lo que ahora mismo estás sintiendo depende Fernando.− Dijo Álvaro, pensando que, tal vez, eso ayudara a Alicia a controlar sus nervios.

Ella escuchó con atención, se quedó muy quieta y, de pronto, comenzó a respirar con naturalidad, sus manos volvieron a tener un pulso firme. Se levantó, dejó el bolso junto al sofá, se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero.

Al momento, alguien llamó a la puerta.

El rostro de Alicia permaneció imperturbable. Se dirigió hacia la puerta y abrió.

Buenos días.− saludó con una sonrisa tímida.

Es usted Alicia Peña ¿no es así?− La increpó un hombre con tono grosero, mientras mostraba fugazmente su placa de policía.

Sí ¿puedo ayudarle en algo?− Dijo ella sin perder la sonrisa.

Que si puede ayudarme en algo… ¿Dónde ha estado usted los últimos días?

He estado de viaje.− Mintió Alicia.

Ya.− El policía se quedó un buen rato mirándola con desconfianza, luego continuó.− Tengo entendido.− Dijo mientras traspasaba el umbral.− que estudia derecho.

Ya no.

El policía se volvió sorprendido y por fortuna eso evitó que viera la expresión perpleja de Álvaro.

¿Ya no? ¿Y eso por qué?

Es muy difícil llevar la casa y estudiar, me veo obligada a dejarlo.− Contestó ella.

Álvaro no pudo ocultar su asombro ante el descaro de Alicia, pero el policía seguía dándole la espalda.

¿Y usted?− Dijo el policía volviéndose hacia Álvaro por primera vez.− ¿Aprueba que su mujer haga viajecitos cuando le viene en gana?

Es una mujer muy testaruda y si ese viaje le ha servido para darse cuenta de que no se puede tener dos cosas a la vez, bienvenido sea.− Soltó Álvaro.

Alicia supo que él no hablaba de su carrera en esos momentos y se sintió mal por ello ¿lo había sabido él antes que ella? ¿Había visto como se iba antes de que cruzara la puerta?

El policía siguió observándole durante unos segundos con cierto desprecio y Álvaro imaginó que palabras como “calzonazos” debían de estar pasando por la mente del policía, pero le daba igual, habían logrado engañarle.

Al fin el hombre se dio por satisfecho y salió por la puerta con la misma amabilidad con la que había entrado. Alicia y Álvaro se miraron.

Gracias.− Dijo ella con un hilo de voz.

No hay de qué.

Alicia permaneció en silencio durante un rato, con un remolino de sentimientos en su pecho, pero se decidió a hablar por fin.

Necesito salir de aquí con el cuadro, sin que me vea ese policía ¿crees que seguirá en la plaza?

Imagino que sí.− Supuso Álvaro sentándose en un sillón con la mirada perdida.

Ella se sintió despreciable por tener el valor de ir allí y pedirle ayuda, pero una vida estaba en juego.

Podrías salir por la azotea.− Sugirió Álvaro levantándose de golpe.

¿Por la azotea? ¿Con el cuadro?

Con el cuadro, no, claro, pero la azotea da a la del edificio colindante, podrías ir de azotea en azotea hasta alejarte lo suficiente de esta calle. Las puertas de las escaleras suelen estar abiertas, como la gente tiende allí la ropa

Ya pero necesito vender ese cuadro.

Él miraba al suelo, parecía muy concentrado.

Vuelve aquí mañana, me encargaré de venderlo.− Dijo Álvaro con determinación.

Pero Álvaro…− Rogó Alicia.

Ya está decidido.− Sentenció con voz acerada.

No, tú no puedes…

¿No puedo tomar mis propias decisiones? ¿Mis propios riesgos? ¿No fue sobre eso nuestra última discusión?− Inquirió él con las cejas arqueadas.

Alicia suspiró, no quería implicar a Álvaro después de todo lo que había sucedido, pero no se le ocurría ninguna otra opción.

Llama antes a un tasador.− Pidió.

Así lo haré.− Convino Álvaro.

Se quedó observando a Álvaro, sin saber qué decir o hacer para agradecerle el riesgo que corría. Haciendo acopio de valor, puso un pie delante de otro y, con esfuerzo, se fue acercando a la puerta. Luego subió las escaleras hasta la azotea, saltó los muros que separaban una de otra, hasta llegar a una casa alejada de la calle vigilada por el policía y bajó por las escaleras hasta el portal.

Y, aguantando la emoción que se iba acumulando en su garganta, regresó con Charles y Andrea.

5 comentarios:

  1. Magistral Slayer! Alvaro da pena,y por lo de la azotea, Alicia tuvo que acordarse de Fernando cuando le robo la ropa !

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  2. Genial!!!! Una vez más, me dejas sin palabras!!!! Te está quedando perfecto!!!
    Opino como Anne, en cuanto leí la palabra azotea se me vino esa escena a la cabeza :D
    Muchas gracias!!!!

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  3. Gracias!!
    Me ponéis colorada. Me alegro de que os guste, lo de la azotea fue un guiño, pero por otro lado, era el único modo de que Alicia escapara y el policía no se diera cuenta, para él, sigue estando en la casa.
    Álvaro está derrotado por la situación, pero hará algo trascendental en adelante.
    Y nuestro Fer, aguantando el tipo, ya sabéis.

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  4. Jo, me ha dado una pena de ÁLvaro inmensa...
    Muy bien, como siempre!!

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  5. Gracias por tus palabras, María.
    No te preocupes que se va a levantar, no digo que vaya a ser la alegría de la huerta, pero el Álvaro de mi relato va a descubrir su fuerza.

    Ah, y la imagen para las alvaristas que la querais, que he buscado una frase bien tierna. :)

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