viernes, 26 de marzo de 2010

Capítulo XXXI

CAPÍTULO XXXI

El cansancio se aferraba a su rostro noche tras noche, como una máscara que no se podía quitar. Había intentado conciliar el sueño, pero fue inútil; desde que supo que Álvaro y Alicia estaban en el punto de mira no había logrado pegar ojo y eso le preocupaba, porque no quería ser él el causante de que Mendoza se tomara más en serio las sospechas que ya tenía. Sentía, además, ahogo por estar en esa celda, con esa bombilla permanentemente encendida; fuera seguramente estaría oscureciendo, pero allí dentro, no existía el tiempo y la luz no obedecía al sol, sino a la crueldad de un hombre.

Mientras pensaba en lo que podía sucederles a Álvaro y Alicia, escuchó unos pasos en el pasillo, acto seguido se recostó de modo que su cara quedase visible desde la puerta, cerró los ojos y adoptó una expresión de profunda placidez, aunque su cuerpo, oculto por la delgada manta, estaba en tensión. Al momento, oyó un crujido y unos pasos cercanos le indicaron que alguien había entrado en la celda. Su fingido sueño pareció convencer al individuo que había entrado, pues durante unos segundos, el único sonido que se escuchó era el de la respiración de Fernando, más intensa que la del otro hombre.

Yo pensé que, después de enterarte de que vamos detrás de esos amiguitos tuyos, estarías más inquieto.− Se oyó la voz de Mendoza hablando más para sí mismo que para el durmiente.− Ya veo que a ti sólo te interesa tu pellejo… Genio y figura.

Fernando siguió con los ojos cerrados, impasible ante el comentario, aunque esto le había relajado: Mendoza creía que no tenía interés en Alicia y Álvaro, lo cual era realmente tranquilizador. Al segundo siguiente, el policía se puso a dar patadas a un barrote.

Se “despertó” dando un bote en la cama. Miro a Mendoza con los ojos entrecerrados, como si no se acostumbrara a la luz después de un largo sueño y con voz algo tomada dijo:

¡Muy gracioso! ¿Te han quitado la pluma? Era un modo de despertarme mucho más elegante.

Mendoza sonrió mientras se cruzaba de brazos, sosteniendo en una mano un periódico.

Me gusta la gente que se despierta con humor, aunque sea ácido.

¿Me has traído otra vez la prensa? Qué detalle, al final no voy a saber si eres policía o un botones del Hotel Palace.− Comentó Fernando, mientras echaba a un lado la manta y se sentaba en el raquítico colchón.

Pues has acertado, te traigo la prensa.− Admitió, al tiempo que se inclinaba hacia delante para pasarle a Fernando el periódico entre los barrotes.

Gracias.− Dijo Fernando al cogerlo.

Pero al mirar la primera plana, la sonrisa irónica que había surcado su rostro al burlarse de Mendoza, desapareció.

¿Qué ocurre? ¿Malas noticias? ¡No me lo digas! Ha perdido tu equipo.− Inquirió el policía, adoptando una expresión de inocencia que resultaba repugnante.

Fernando ignoró a Mendoza, no podía dejar de mirar el titular y la fotografía que incluía, la misma que le sacaron al poco de llegar allí, escoltado por dos guardias civiles. Sabía que ese momento llegaría, pero aún así se sorprendió: El consejo de guerra se celebraría en una semana, lo cual quería decir que en algo más de una semana estaría sentenciado y poco más tarde, muerto en alguna tumba sin nombre.

Levantó la cabeza y vio a Mendoza que le miraba como si el sufrimiento ajeno fuese su afición favorita, al fin Fernando dijo:

Bueno, pues ya está. Dentro de poco no tendré que aguantarte. No te lo tomes a mal, pero he tenido mejores compañías.

Sí, no te ocultaré que yo también tengo ganas de perderte de vista, pero acabas de sacar un tema de conversación que me interesa.

Fernando le miró sin entender.

Me refiero a tus compañías.− Aclaró Mendoza.

¿Otra vez con eso? Ya te he dicho que no tengo nada que ver con Alicia Piña.− Se quejó, hastiado.

Peña.− Le corrigió.

Como sea.

Les hemos estado vigilando ¿sabes?

"Pues si vienes a contrastar la información conmigo, eso quiere decir que seguís sin tener nada" Pensó Fernando con satisfacción.

¿Y?− Preguntó con aparente desinterés.

Sabemos que la muchacha ha estado durante un tiempo fuera de casa, al parecer de viaje, además ha dejado sus estudios y su marido ha hecho ventas muy raras últimamente.

¿Ventas raras?− Exclamó Fernando.

Sí, un cuadro de gran valor.− Dijo mirando una pequeña libreta que había sacado de un bolsillo de la chaqueta.

Que tiene eso de raro.

Ellos no van mal de dinero.

Fernando permaneció en silencio durante un rato, luego preguntó:

¿Adonde quieres llegar?

¿No se te ocurre?− Inquirió Mendoza mirándole fijamente, luego añadió.− ¿Para que pueden querer ese dinero?

¡Y qué sé yo!− Exclamó con sinceridad.− Tendrán una gotera o no les gustará el susodicho cuadro.

O quieren sufragar algún tipo de campaña.− Sugirió el policía.

Fernando observó el rostro calculador de Mendoza y estalló en carcajadas.

¿Crees que alguien tiene interés en que yo salga?

Mucha gente, gentuza, en realidad, tiene interés en que tú salgas.

Puede ser.− Admitió sonriendo.− Pero no el suficiente interés como para que eso deje de ser tan sólo un pensamiento.− Dijo procurando hablar con cierta amargura.

¿Lo crees así?− Tanteó Mendoza.

¿Crees tú que se van a arriesgar por un agente quemado?

No, lo cierto es que no.− Respondió al tiempo que se acercaba a la puerta de la celda.− Pero me gustaría tanto cazar a otros como tú… De cualquier manera, si existe alguna misión, no tardará en llegar a mis oídos.

Mendoza salió y dejó a Fernando sólo en la celda.

Esa noche, durmió profundamente, no sin antes preguntarse por qué motivo Alicia había dejado la carrera. Y soñó con todo aquello que la muerte le arrebataría… tantos sueños por compartir. Todo eso que él resumía en una palabra: la posibilidad.

5 comentarios:

  1. SLAYER- veo que tambien Fernando tiene la bombilla permanentemente encendida en la celda. Menudo sufrimiento!!
    MUY BIEN!! Como siempre!

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  2. Gracias, gracias!!! Ayyy me encanta el Fernando luchador, ese hombre "frío" que hace dudar a su adversario! El final del capítulo simplemente genial; un recuerdo a esa carta que escribío al borde de la muerte, como se supone que está ahora aunque espero y confío en que lo salves ;).
    Una vez más, gracias por seguir compartiendo el relato! Un beso!

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  3. María, es que yo a la celda me la imagino unos días en penumbra y otros con la luz dada permanentemente, dependiendo de como se despierte Mendoza, vamos.
    Sí!!!! NoA, me alegro que te hayas acordado, es precisamente lo que quería. Como ahora él tiene que aparentar indiferencia hacia Alicia, no se puede poner a escribir cartitas... tenía que expreasrlo de otro modo.

    Un beso a las dos. Gracias por vuestras palabras.

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  4. Gracias Slayer ! Otra vez he "oido" Fernando hablar con su humor habitual y sarcàstico y ese "tantos sueños por compartir " Recordarà el encuentro con Alicia cuando le conto lo del cuadro y él contesto:"acabàramos, creia que eran penas de amor " !

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  5. Gracias Anne. Bueno, Fer no sabe qué cuadro ha vendido Álvaro, además ella le dijo entonces que el cuadro no valía gran cosa y ahora Mendoza ha dicho lo contrario, que valía mucho.
    Lo que le ha dejado de verdad extrañado ha sido que Ali ha dejado la carrera, pero no sospecha nada de que su amada está intentando salvarle.
    Un beso, Anne!

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