viernes, 19 de marzo de 2010

Capítulo XXX


CAPÍTULO XXX

Mientras la identidad falsa de Andrea se tambaleaba a causa de las presiones de Ramón Rivas por firmar los contratos, Alicia no podía dejar de pensar en la decisión que tenía que tomar.

Ayudar activamente a salvar a Fernando era algo que ella necesitaba hacer para no traicionarse a sí misma, pero Álvaro había hecho una pregunta que resonaba en su mente desde el día anterior: ¿Y vas a irte con él? No se refería a Fernando, pero en ese momento ella fue consciente de que, tras llevar a cabo la misión y, suponiendo que todo fuera bien, se le planteaban dos caminos: quedarse en Madrid, con Álvaro o regresar a Francia, con Fernando.

La opción estable y conveniente que representaba Álvaro y el amor y la libertad que Fernando ofrecía: No se trataba sólo de dos hombres, sino de dos modos de vida. Ella quería a Álvaro, por ser ese amigo que siempre estaba ahí, dispuesto a ayudar o escuchar, pero no podía engañarle ni engañarse a sí misma: ella amaba desesperadamente a Fernando, eso era un hecho y no una elección, seguía enamorada de ese hombre que apareció en la Plaza de los Frutos como un misterio y se fue revelando como un luchador.

Además, quedarse con Álvaro significaba permanecer en España, acatando la injusticia y la opresión como parte de un sistema; huir con Fernando, por otro lado, era aceptar una vida llena de incertidumbre y riesgos. Estaba dispuesta a jugarse la vida por Fernando, pero aún no sabía si sería capaz de arriesgarse por algo tan abstracto como una idea ¿sería capaz de afrontar la vida como una constante lucha? ¿Era lo bastante fuerte como para comprometerse de ese modo?

En unos pocos minutos tendría que ir a casa de Álvaro y quería aclarar antes sus ideas, para poder hablar con él sin tapujos de una vez por todas. Si de algo estaba segura era de que la mentira sólo les haría más daño.

Tienes que salir ya.

Andrea acababa de entrar en la habitación. Hablaba con evidente nerviosismo.

¿Por qué? ¿Qué pasa?− Dijo Alicia levantándose súbitamente de la silla.

Viene alguien.− Soltó Andrea.

La mente de Alicia se vio ocupada en ese momento por la imagen del policía que vigilaba la casa de Álvaro, parte de esa preocupación debió de notarse en su cara, porque Andrea se acercó y acarició su hombro para calmarla.

No, no es la policía, es un amigo, pero es preferible que no te vea.

Alicia suspiró aliviada. Siguió a Andrea a la sala de estar, donde tenía su abrigo y su cartera. Andrea la iba empujando hacia la puerta y al abrir susurró:

Espera en el descansillo de arriba a que haya entrado… y tómate tu tiempo antes de volver.

Nada más cerrar la puerta, escuchó unos pasos veloces en la escalera inferior y subió sigilosamente las escaleras hasta el descansillo superior. Se pegó a la pared, como si quisiera mimetizarse con el yeso, pero su curiosidad pudo más y se asomó a la barandilla. Vio a un hombre muy alto y elegante entrando en el piso y volvió a pegarse a la pared; cuando oyó como la puerta se cerraba, bajó rápida, pero silenciosamente y sólo cuando salió a la calle, volvió a serenarse.

La irrupción de Andrea había interrumpido la reflexión de Alicia y, mientras andaba, intentó retomar sus cavilaciones, pero fue inútil. En esos momentos necesitaba concentrar su atención en el exterior.

Cuando estaba a punto de llegar a la calle en la que vivía Álvaro se dio cuenta de algo: El policía, u otro compañero, probablemente seguiría en la calle, vigilando los movimientos que se producían en esa casa, y si la veía entrar sospecharía, porque Alicia, a ojos del policía, nunca había salido. Miró a su derecha, a pocos metros estaba la casa que había usado para llegar de nuevo a la calle después de sortear varios muros.

Sin pensarlo dos veces, entró, subió las escaleras hasta la azotea y saltó los muros, pero esta vez teniendo como destino la azotea del edificio en el que vivía Álvaro. Cuando llegó, abrió la puerta y bajó hasta llegar a la segunda planta. Estando frente a la entrada, cerró el puño, respiró y golpeó la madera.

Al poco tiempo Álvaro abrió, estaba intentado aflojar el nudo de la corbata y no se entretuvo con Alicia, regresó a su habitación mientras seguía peleando con el nudo por el pasillo. Alicia sonrió al ver la feroz contienda. Hacia la mitad del pasillo, Álvaro lo dejó por imposible y volvió al recibidor. Miró a Alicia y una sonrisa apareció en su rostro.

Ella había notado un cambio con respecto al día anterior, salvando la corbata a medio atar, ofrecía un aspecto distinguido, se había afeitado y las ojeras eran menos evidentes.

Vamos a sentarnos.− Indicó él, señalando el comedor con el brazo extendido.

Ambos entraron en el salón y se sentaron en los sillones.

Álvaro, antes de nada, quería decirte…− Comenzó Alicia.

No digas nada, cualquiera habría hecho lo mismo.− La cortó él.

Lo dudo.− Dijo ella mirándole con dulzura.

No sé si eras consciente de lo que costaba el cuadro.− Comentó Álvaro, mientras Alicia se temía lo peor.− El tasador se quedó impresionado y el anticuario me ha dado una fortuna por él.− Dijo sacando del bolsillo interior de la chaqueta dos sobres de color ocre.

Los sostuvo un momento en la mano y luego, los deslizó por la mesa hasta dejarlos frente a Alicia.

Al principio no se atrevió a abrirlos, sólo miraba las abultadas formas que tenían con la boca semi abierta. Al fin, los cogió con manos trémulas y al ver el contenido sus ojos se abrieron de par en par.

Tardó un tiempo en quitar los ojos del dineral que tenía en sus manos. Miró a Álvaro que la observaba con una extraña mezcla entre diversión y melancolía.

No sé qué decir, es más de lo que yo esperaba.

¿Es lo que necesitas?

No estoy segura, pero creo que sí.− Respondió con voz quebrada.

Álvaro se levantó.

¿Te vas?− Inquirió extrañada.

Tengo que hacer la compra ahora si quiero llegar a tiempo a la facultad.

Alicia se levantó, después de guardar el dinero dentro de la cartera de cuero, en uno de los pequeños compartimentos de difícil acceso, y detuvo a Álvaro. Él la miró interrogante y ella se apartó.

Es que, se supone que eso lo tengo que hacer yo, al fin y al cabo, soy la señora de la casa ¿no?− Explicó ella.

Casi lo había olvidado.− Dijo él forzando una sonrisa mientras bajaba la cabeza.

Alicia supo que era mejor no decir nada, fue a la cocina, cogió la cesta de arpillera y se la colgó del brazo. Luego volvió al salón, donde Álvaro seguía mirando al suelo.

Necesitas algo en especial.− Preguntó mientras notaba lo vacía que resultaba la pregunta en un momento como ese.

No, compra lo que quieras.− Respondió él, mientras, sin levantar la vista, le daba a Alicia dinero.

Ella lo cogió y lo metió en el bolsillo del abrigo. Salió por la puerta y al llegar a la calle comprobó que no se había equivocado: el policía permanecía allí. Ella fingió no verle y él la siguió hasta que, tras media hora en el mercado, desapareció.

Volvió a casa de Álvaro y vio de nuevo al policía en un banco, comiendo un bocadillo.

Al llegar frente a la puerta usó sus llaves y se quedó quieta en el umbral al ver a Álvaro en el mismo lugar en el que lo había dejado. No dijo nada, fue a la cocina y dejó los alimentos en la fresquera.

Álvaro.− Musitó.

Él permaneció en silencio, pero miró a Alicia a los ojos. En ese momento, las reflexiones con las que ella había comenzado el día, reaparecieron, pero esta vez con una idea definitiva y clara en su mente.

Tengo que decirte algo.− Hizo una pausa, mientras buscaba las palabras.− Te quiero y tengo que darte las gracias, no sólo por lo del cuadro, sino por todo, por haber sido para mí un consejero, un amigo y un protector. Has sido… y siempre serás alguien importante en mi vida, pero… pero yo estoy enamorada de Fernando y no concibo la vida sin él, lo he intentado, no sabes con cuanta fuerza, pero no se puede escapar de lo que eres. Y Fernando es parte de mí.

¿Por qué me cuentas esto?− Preguntó Álvaro que parecía sufrir con cada palabra que Alicia pronunciaba.

Ella acarició su mejilla.

Porque necesitas saberlo para continuar.− Alicia hizo una pausa y apartó la mano de su rostro, luego dio unos pasos hacia la puerta y añadió.− Adiós.

Lágrimas silenciosas corrieron por las mejillas de Álvaro, mientras ella salía de la casa y de su vida.

Al cerrar la puerta, Alicia subió a la azotea y una vez allí, se permitió llorar mientras la tristeza y la esperanza se arremolinaban en su pecho. La decisión estaba tomada.

Levantó la vista y vio el cielo, parecía más azul que nunca.

6 comentarios:

  1. Siempre parezco una tonta; pero solo puedo decir genial!!!! Ese dilema en Alicia le tendrían que haber mostrado en la tercera temporada y tú lo has expresado de una manera perfecta!!! Álvaro siempre fue el que garantizaba a Alicia una casa y unos estudios; en la cuarta lo vimos, pero nos faltó el paso intermedio. Ahora ya nos podemos imaginar ese paso :). Gracias por el relato, cada capítulo es mejor que el anterior!!!! ;)
    Un beso!!

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  2. Bueno, pues ALicia ha decidido. ME pregunto que pasará a partir de ahora con ella y con ÁLvaro.
    Hubiera sido tal y como lo cuentas. Alicia era siempre un personaje muy sincero, no la veo quedándose con Álvaro por interés. Si no lo quiere, ella es libre de irse. Y si se queda con él no puede ser de otra manera que por amor.
    En este caso, se ha decidido por Fernando.
    Muy bien al capi, pero madre mía, que sinvivir...

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  3. Gracias!
    NoA, yo también noté que quedaban cosas por contar de los personajes y de sus motivaciones.
    María, lo siento, pero creo que ni Alicia ni Álvaro querrían vivir una mentira o una convencia pacífica a secas.
    De todos modos, esta no es la última aparición de Álvaro. ;P
    Me alegro de que os haya gustado y gracias por vuestros comentarios.

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  4. Como siempre Slayer, perfecto ! Es lo que se esperaba de Alicia,ahora vendrà lo màs dificil, intentar sacar Fernando de la càrcel,cruzaremos los dedos!
    besos

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  5. Gracias Anne, me alegro de que te haya gustado. Ahora que Alicia tiene en orden sus ideas y que han conseguido el dinero para sufragar la huida, viene la acción!! A ver qué tal se me da escribirlo, en mente ya está hecho.
    Un beso.

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