viernes, 26 de febrero de 2010

Capítulo XXVII


CAPÍTULO XXVII

Alicia no logró reprimir las lágrimas al cerrar la puerta de esa casa a la que posiblemente, nunca volvería. Imaginó a Álvaro dando explicaciones sobre su ausencia a doña Marcela, a Pedrito, a sus colegas de la universidad, al resto del mundo…

Se sonó la nariz mientras bajaba por las escaleras y trató de apartar esos pensamientos de su mente, necesitaba serenidad para decidir qué era lo que iba a decir y hacer. Al llegar al portal se dio cuenta de que no sabía cómo convencer a Andrea, poco tenía qué ofrecerle y presentarse en el piso franco no parecía un buen modo de ganarse la confianza de esa mujer.

Se apoyó contra la pared y analizó la situación: “¿Qué necesitan para ayudar a Fernando? Apoyos e información, saber dónde está.”− Se respondió.− “¿Y teniendo eso, cuál es el siguiente paso? ¿Planear el ataque? No, antes habría que conocer el lugar, sus puntos débiles y sus puntos fuertes.”− Reflexionó Alicia.

Su rostro cambió, de pronto sabía lo que había qué hacer, así que cambió de destino y, en lugar de ir al piso de Andrea, decidió dirigirse al edificio de Puerta del sol, donde ya había estado, pero esta vez tenía un plan y un objetivo específico y tangible.

A cada paso que daba, su plan se concretaba más y para cuando llegó a su destino, en el rostro de Alicia no había el más mínimo asomo de duda. Se paró frente a la puerta y, de repente, una poderosa realidad invadió su mente: Él… Él estaba ahí, tan cerca, tan lejos… Cerró los ojos y respiró hondo, no podía dejarse llevar, Fernando dependía de su firmeza.

Miró a su alrededor, dando la espalda a la puerta, y vio lo que necesitaba: una cafetería. No era la más cercana al edificio, pero sí la que mejores vistas tenía de la entrada del mismo.

Entró en ella y pidió un café cortado. Sólo había otra persona allí aparte del camarero: un hombre enjuto, de ojos azules, con pinta de contable, que estaba enfrascado en la lectura de unos documentos. Se sentó en una mesa que estaba junto a la ventana, cerca del otro hombre, y sacó un cuadernillo. El camarero se acercó con el café y lo dejó en la mesa. Alicia le sonrió tímidamente y volvió a fijar su atención en la puerta del edificio donde tenían preso a Fernando. Abrió su cuaderno y fingió leer los apuntes. Cada vez que percibía algún movimiento en el edificio, cogía la taza de café y tomaba un sorbo, lo cual le permitía mirar por la ventana y observar detenidamente sin resultar sospechosa y luego apuntaba lo que veía en la penúltima hoja del cuaderno. Eran anotaciones incomprensibles como “9:21 – 2 ¿p?”. Si alguna vez se acercaba el camarero, lo único que vería serían los típicos apuntes de un estudiante.

Se pasó la mañana observando y anotando, aunque a ojos del camarero fue una fructífera sesión de estudio que se tradujo en cinco cafés y tres tilas.

¿Qué estudia usted, señorita?− Preguntó el camarero mientras dos clientes salían por la puerta tras tomar su café matutino.

¿Estudiar? No, yo no estudio, paso a limpio los apuntes de mi hermano mayor.− Mintió Alicia descaradamente.− Estos días los pasaré a máquina, pero primero tengo que entender su letra y como este lugar es tan tranquilo...

El camarero, satisfecho ante la explicación, sonrió y volvió a sus quehaceres.

Alicia levantó la vista y echó un ojo a la cafetería. Habían entrado y salido varias personas en el transcurso de la mañana, pero sólo ella y “el contable” seguían allí. Alicia frunció el entrecejo, mientras miraba de refilón al hombre de ojos azules, pero decidió quedarse un rato más, a pesar de que aquello no le daba buena espina.

Veinte minutos después las tripas de Alicia rugían, era la hora de comer. Optó por salir de la cafetería y comprar un bocadillo en otro lugar, para su tranquilidad, el hombre permaneció allí, leyendo aquellos documentos. Se paseó por la zona, mirando escaparates, pero manteniendo su atención en la entrada. En otro bar compró un bocadillo de tortilla y lo comió sentada en un banco de madera, dando la espalda a la puerta del edificio, pero mirando fijamente el escaparate de enfrente en el que se reflejaba la entrada del mismo.

Cuando terminó su jornada, tenía dos páginas enteras con anotaciones sobre lo que había observado. Se sentía cansada, con las piernas entumecidas y las manos heladas, pero satisfecha con lo que había hecho. Se estaba haciendo de noche y decidió no seguir observando el lugar por dos razones: la primera, que resultaría demasiado extraño ver a alguien deambulado por ahí a esas horas y la segunda, porque un ataque nocturno le parecía una idea absurda, precisamente a esas horas todo movimiento resultaba sospechoso y, por lo tanto, no necesitaría saber qué movimientos se producían en el edificio durante la noche.

Alicia se puso a caminar con las manos en los bolsillos. Todavía notaba sus pies heridos y, de vez en cuando, paraba en seco con una mueca de dolor. Cuando se alejó lo suficiente de esa zona se dio cuenta de que no sabía a donde ir ¿a casa de Andrea? ¿Conseguiría convencerla de que podía ayudar? ¿A casa de Álvaro? No, regresar sería aceptar la derrota, además, no quería hacer de la casa de Álvaro su cuartel.

Era el momento de apostar lo que tenía y eso asustaba a Alicia mucho más de lo que quería reconocer, pero no había otra opción, debía ir a hablar con Andrea y mostrarle sus armas, sus posibilidades y su determinación de ayudarles. Si ella se negaba a admitirla… sencillamente no había contemplado esa opción, era demasiado doloroso.

Así que levantó la mirada y con pasó firme fue hacia el portal de Andrea, sabiendo que podía ser el final de su decisión… o el principio de un peligro más grande que ella.

El portal de la casa de Álvaro Iniesta hacía ya diez horas que estaba vigilado. Alicia llevaba más de doce horas fuera de casa.

4 comentarios:

  1. Cada capítulo mejor que el anterior!!!! Gracias ;)!! Parece que a Alicia se le quedaron grabadas esas conversaciones con Fernando en el piso franco y sabe como mimetizarse con el entorno!
    Me encanta encontrarme en cada capítulo con la Alicia luchadora que siempre conocimos. La de la cuarta temporada no es ni la sombra de lo que fue :(
    Gracias! Un beso!

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  2. Hola NoA!!
    Era eso justo lo que pretendía cuando escribí el capítulo, pensé en describir a Alicia recordando una de sus conversaciónes con él, cuando hablaban de controlar los nervios y todo eso, pero luego me decanté por sugerirlo simplemente, sin expresarlo.
    Me alegra que te haya gustado.
    Y gracias a ti por leerlo!
    Un abrazo!!!

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  3. Al leerlo, de repente, me ha dado una pena inmensa por ÁLvaro, jo,....
    Lo que no se muy bien es por qué tienen vigilada la casa. No creo que ÁLvaro denunciara a su m,ujer por abandono de hogar, no le pega. Además, ha pasado muy poco tiempo.
    Espero que no le pase nada al profesor....

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  4. Hola María!!!
    Oye, que el Álvaro de tu relato está pasando las de Caín, te lo estopy tratando yo mejor, jejeje.
    Claro que Álvaro no ha denunciado, recuerda que Mendoza sospecha de Alvaro y de Alicia y dijo que les iba a "Echar un ojo".

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