viernes, 19 de febrero de 2010

Capítulo XXVI


CAPÍTULO XXVI

Fernando abrió los ojos. Le había despertado un sonido metálico, un golpeteo. Al darse la vuelta, comprendió qué era lo que lo había causado: Mendoza, con una desagradable sonrisa, lo observaba desde el otro lado de los barrotes, sentado en una vieja silla y con un periódico en el regazo, mientras golpeaba los hierros suavemente con una pluma estilográfica.

Por fin te despiertas.− Comentó mientras se guardaba la pluma en el bolsillo de la chaqueta.

Fernando no dijo nada, se volvió a dar la vuelta y cerró los ojos tratando de ignorar su presencia.

Oye, no te enfades.− Exclamó Mendoza.− He venido a enseñarte una cosa que te puede interesar.

Abrió de nuevo los ojos, inquieto, pero no se dio la vuelta y permaneció en silencio, mirando la pared de la celda, esperando a que su captor siguiera hablando.

Toma.− Dijo, y le arrojó a Fernando el periódico.

Fernando optó por dejar de fingir sordera; se incorporó y cogió el periódico que le había tirado Mendoza. Antes de leerlo, observó fugazmente su rostro: Le miraba con ojillos brillantes y calculadores y se repasaba el labio inferior con el dedo índice.

Miró el periódico, era francés.

¿Me lo has traído para que haga los crucigramas? sería un detalle, me aburro muchísimo aquí dentro.− Se mofó Fernando.

La sonrisa de Mendoza no varió.

Lee, página 12.− Ordenó.

Fernando dobló el periódico y lo dejó en sus rodillas.

Yo chapurreo el francés, pero no sé francés, confundo algunos términos.− Le informó.

Si sólo fuera en francés… permíteme entonces que te haga un resumen: Es una historia sobre una traición, la peor de las traiciones: una traición a la patria.− Dijo pretendiendo ser grandilocuente.

Oye, si vas a resumir la historia, empieza ya, que estaba teniendo un sueño fantástico.− Le interrumpió Fernando con hastío.

Un par de abogados españoles han mandado cartas a intelectuales y diplomáticos pidiendo tu liberación.− Soltó Mendoza mirando atentamente a Fernando, en espera de una reacción.

Fernando se puso alerta al tiempo que su mente se centraba en Álvaro Iniesta y Alicia Peña, pero mantuvo su expresión aburrida y preguntó frialdad:

¿Y me cuentas esto por qué…?

No te hagas el tonto, tú conoces a esos dos.

No me digas.− Exclamó Fernando con ironía sin abandonar su indiferencia.

¿Uno de ellos no será esa francesita a la que el fallecido comandante Quintero apretaba las tuercas? Tengo su ficha por ahí.− Dijo Mendoza que se había puesto de pie y caminaba de un lado a otro sin perder de vista al recluso.

¿Francesita? Ah, hablas de Alicia… Lo dudo, además ella aún no es abogada ¿no?− Dijo él con el mismo tono apático, aunque en su interior su preocupación por Alicia crecía por momentos.

He leído las notas del comandante, estaba seguro de que ella estaba enamorada de ti y te protegía.− Dijo Mendoza con los ojos entrecerrados.

Bien utilizado el verbo: “Estaba”. Ella se casó. Y nunca me protegió, recuerda que estás hablando de una burguesa, son apolíticos por naturaleza, la chica simplemente trabajó para mí en la productora.− Mintió Fernando.

Por lo que sé, la señorita Peña tiene poco de apolítica, supongo que le viene de su padre.− Mendoza hizo una pausa esperando la reacción de Fernando, pero el rostro del preso permanecía imperturbable, así que continuó.− Y ya es casualidad que en la productora de cine su función fuera hacer traducciones, pero volviendo a lo otro… parece ser que su tío, Hipólito Roldán, tuvo más que ver en esa boda que su marido ¿no es cierto?

Fernando se encogió de hombros.

Vamos, ¿me vas a decir que te quitó la novia un picapleitos?− Se burló Mendoza, y su desagradable sonrisa volvió a aparecer en su rostro.

Nunca fue mi novia, pero si lo hubiera sido… la verdad es que con ese sueldo yo no puedo competir.− Respondió Fernando con una sonrisa irónica.

¿Qué sabes de ellos?− Inquirió Mendoza de repente.

Fernando le miró perplejo y lo entendió todo… Lo que tenía Mendoza era demasiado poco como para detenerles, por eso había ido a tantearle.

Sé que no son mis aliados, pero si quieres traerles para que me hagan compañía, adelante. Como te he dicho, esto está empezando a ser tedioso.− Le espetó Fernando. Luego se dio la vuelta y volvió a recostarse en la cama dando por zanjada la conversación.

De cualquier manera, les echaremos un ojo.− Sentenció irritado y se fue de la celda dando un portazo.

Cuando se quedó solo, Fernando cogió el periódico y, con cierta dificultad, leyó por encima la página 12. Comprobó con alivio que sólo se hablaba de dos abogados españoles, sin dar más datos, pero empezó a sentir una terrible desazón al pensar en lo que les podía pasar a Álvaro y a Alicia por movilizar a la opinión pública internacional.

“No podían estarse quietecitos” se quejó para sí, y fingió dormir de nuevo para que ni los guardias ni Mendoza se dieran cuenta de su temor.

3 comentarios:

  1. Una vez más, gracias!! Creo que de lo poco que faltó en la cuarta temporada en el homenaje que se le hizo, fueron escenas de Fernando "esperando" su final. Gracias por hacer posible que podamos imaginárnoslas! Me gusta mucho ese Fernando irónico.

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  2. EStaba ya echando de menos alguna escena de FErnando. PArece que lo estoy viendo. FENOMENAL, SLAYER!! Todavía hasta nos cruzamos en los relatos!

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  3. Gracias a vosotras por vuestros comentarios.
    Fernando va a hacer mucho más que esperar, eso os lo prometo.
    Un besazo y gracias otra vez, me dais mucha fuerza a la hora de seguir escribiendo.

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