viernes, 12 de febrero de 2010

Capítulo XXV


CAPÍTULO XXV

Alicia se puso en marcha horas antes de que despuntara el alba. A las cinco y diez ya estaba desayunando y, para su sorpresa, no lo hizo sola: Álvaro también madrugó ese día o eso parecía, la realidad era que no había dormido.

Se intercambiaron frases triviales como “¿Me acercas la leche?” o “¿Quieres azúcar?”. De pronto, eran dos desconocidos compartiendo mesa. Pero Alicia, antes de dormir, había tomado una determinación: ser clara con él; así que tras el último sorbo de café decidió poner las cartas sobre la mesa:

No voy a ir a la facultad.− Dijo mirando a Álvaro directamente mientras él evitaba fijar sus ojos en ella.

Lo suponía.− Reconoció él.

Alicia tomó aire.

Estoy intentando ayudar a Fernando.

Eso no es ninguna novedad, has mandado ya cartas a decenas de diplomáticos e intelectuales. Y yo también intento ayudarle.− Comentó él despreocupadamente mientras removía su café con la cuchara.

Me refiero a algo más directo, más eficaz.− Explicó.

¿Cómo? ¿Qué pretendes hacer?− Inquirió Álvaro mientras dejaba la taza descuidadamente sobre la mesa, derramando café sobre el mantel.

Sabes tan bien como yo que una movilización diplomática no servirá, no es suficiente.− Espetó ella.

Y ¿qué vas a hacer, Alicia? ¿Lanzar pasquines por las calles?− Se burló Álvaro agriamente.

Ella se puso tensa.

No voy a hacer tal cosa, pero voy a hacer algo, algo que no se limite a esperar que Franco sea benévolo.− Se defendió, poniendo un especial énfasis en la palabra “hacer”.

Ponme un ejemplo.− Exclamó él.

Alicia permaneció en silencio, temblando de rabia. Aunque nunca se le pasó por la cabeza que Álvaro fuera a darle palmaditas en la espalda por su iniciativa, no se esperaba esa reacción.

Haz algo que revele tu posición con respecto a Fernando y tú también acabarás en la cárcel ¿es eso lo que quieres?− Le advirtió Álvaro que se había puesto en pie y miraba enfadado a Alicia.

Me da igual ¿lo entiendes? ¡Me da igual! Voy a sacarle de allí como sea.− Rugió Alicia.

¿Cómo vas a ayudar a Fernando si te meten en la cárcel?

¿¡Y cómo le voy a ayudar si yo misma me ato las manos?!

Ambos se quedaron en silencio unos segundos, respirando por la boca como si acabaran de correr. Fue Álvaro el primero que recobró la compostura:

La clave está en conseguir las suficientes presiones internacionales para que Franco le conmute la pena, que casi seguro será pena de muerte.

¡No! La clave está en sacarlo de ahí antes de que se celebre el juicio y punto. Franco no tiene que perdonarle la vida porque él no tiene derecho sobre la vida y la muerte, además sabes perfectamente que no será compasivo con alguien que intentó acabar con él.− Protestó Alicia con rabia.

Para sacarle de ahí haría falta una estrategia militar, un atentado ¿te das cuenta de lo que dices?

Ella le sostuvo la mirada, desafiante, mientras la expresión de Álvaro pasaba de la perplejidad al terror.

No puedes hablar en serio. Alicia, las cosas se arreglarán, ya lo verás, pero dialogando, no con violencia.− Murmuró él.

¿Dialogando? ¿Cómo? Hay una interminable lista de ideas y discursos prohibidos. ¿Cómo se habla en un país en el que te matan por expresar un argumento? Vivimos en el régimen de las fieras, Álvaro, y tú quieres hacerles razonar.− Intervino ella con lágrimas en los ojos.

Álvaro parecía desarmado, las últimas palabras de Alicia habían abierto un boquete en su visión del mundo, mostrándole una realidad que él no quería ver: un mundo en el que la palabra no tiene poder o, peor aún, un mundo en el que la palabra, si no expresa conformismo y sumisión, puede matarte… Era algo que había intentado negar e ignorar; de ese modo sentía que aún tenía cierto control sobre la situación.

En realidad nos han hecho prisioneros a todos ¿no?− Dijo él sentándose lentamente.− Pero a unos nos controlan con miedo, para otros, hacen falta barrotes.− Pensó en voz alta Álvaro.

Tenía los ojos llorosos y había algo en él que antes no estaba: Era derrota.

Alicia le miró con infinita compasión. Se dio la vuelta, cogió su abrigo del perchero del recibidor y se lo colgó del brazo; estaba a punto de salir por la puerta, con intención de ir al portal de Andrea, cuando oyó la voz de Álvaro.

Buena suerte.

Ella sonrió y se fue.

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*Gracias a NoA por las capturas de Alicia y a Fanálvaro por dejarme sus capturas de Álvaro. Ah!! Y a María1000 por hacer de intermediaria.

3 comentarios:

  1. Muy bueno, Slayer!!
    Me quedo con la penúltima frase de Álvaro, la de que nos han hecho prisioneros a todos!!
    Que sinvivir, madre mia....

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  2. Gracias Slayer!!!! Esta si es Alicia, la Alicia que llegó de París! Luchadora, realista, decidida... Me recuerda a la Alicia que supo por el periódico que habían detenido a Fernando en la tercera y cómo le ayudó después. En ese momento, Alicia era consciente que con la palabra no se podía hacer nada; en la cuarta nos la devolvieron como alguien ingenua, insegura, gris... Menudo cambio! Me alegro que estes escribiendo esta "historia paralela", son la esencia de los personajes de la tercera! Siempre me quedo con ganas de seguir leyendo jajaj. Muchas gracias ;)

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  3. Muchas gracias a vosotras por leer mi versión de la historia. Con lectoras como vosotras da gusto!!!
    Un beso a las dos.
    PD: NoA, muchas gracias por hacerte seguidora, me hace mucha ilusión.

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