viernes, 5 de febrero de 2010

Capítulo XXIV


CAPÍTULO XXIV

La plaza estaba desierta. El viento aullaba en las calles y el cambio de temperatura hizo que tiritara. Miró a su alrededor, caminó un par de metros para alejarse del Asturiano y torció a su izquierda, hacia el estudio de fotografía; apoyó la espalda en la pared del bar con fuerza, como si deseara fundirse con la piedra, y apretó el bolso contra su estómago para protegerse del frío.

Se concentró en escuchar, acercando la cabeza a una de las ventanas que Marcelino había tapado con tablones desde el interior, pero el viento le impedía coger el hilo de la conversación que se estaba produciendo dentro del bar, aunque logró captar alguna palabra inconexa como cuneta, razón o amigo. Supuso que estaban hablando de la misión de esa mujer. “Seguramente Marce intentará convencerla de que no haga nada… Por favor que no lo consiga, que esa mujer siga adelante, por favor.”− Deseó Alicia angustiada. Había tomado la decisión de ayudarla en el momento en que Andrea dijo que había un plan para salvar a Fernando, pero si Marce convencía a esa extraña de abandonar la misión, la determinación de Alicia no serviría de nada.

De repente escuchó el crujido de la puerta al abrirse. Durante varios segundos ni siquiera respiró, cerró los ojos y tensó todos los músculos del cuerpo. Entonces, giró la cabeza y desde su escondite vio como Marcelino y Andrea, él, varios pasos por delante de ella, caminaban hacia la calle que había frente al Asturiano.

Dio un paso y su tacón retumbó en la desierta Plaza de los Frutos. Aún no había abandonado la esquina y eso la salvó de ser descubierta por Andrea que había frenado en seco y miraba a su espalda con desconfianza. Cuando se convenció de que sólo había sido un ruido provocado por el viento, retomó su camino.

Alicia miró a sus pies y, sin pensárselo dos veces, se quitó los zapatos y los guardó en los bolsillos del abrigo. Los tacones asomaban por detrás pero no llamaban demasiado la atención. Entonces caminó despacio, detrás de Andrea. Cuando hallaba algún escondrijo, lo aprovechaba y aguardaba allí, asomando sólo lo justo para seguir observándola, hasta ver qué dirección tomaba ella.

Al cabo de un rato empezaron a dolerle los pies, al principio sólo sentía el frío, pero ahora tenía varias heridas en la planta. Y eso hacía que caminara más despacio. Más de una vez temió haber perdido a Andrea, pero luego la encontraba a varios metros de distancia por delante de ella.

Al fin, Andrea llegó a su destino y Alicia la observó meterse en el portal desde una esquina cercana. Observó el edificio detenidamente, memorizó la calle y el número. Ahora sabía donde estaba la salvación de Fernando Solís, sólo era cuestión de vigilar la salida; pero era tarde y tenía que descansar, así que decidió volver a casa. Intentó ponerse los zapatos, pero estos sólo agudizaban el dolor de sus pies, así que regresó a casa descalza.

Durante el trayecto no hizo más que pensar en cómo unirse a ese grupo de disidentes, cómo formar parte de la ofensiva, temiendo que Andrea tuviera razón, tal vez ella sólo fuera un estorbo, puede que echase al traste la misión… pero algo en su interior le decía que tenía más poder del que imaginaba.

Levantó la vista. Ya había llegado.

Cuando estaba delante de la puerta, miró hacia atrás y, gracias al tragaluz, pudo ver las pequeñas gotitas de sangre que había dejado tras de sí en las escaleras de mármol. Con una mueca de dolor se calzó los zapatos e introdujo la llave en la cerradura.

Una vez dentro, cerró la puerta y fue al cuarto de baño. Se dio una ducha y al salir se encontró de frente con Álvaro.

Has vuelto.− Exclamó con cierta sorpresa.

La mirada de Alicia vagó antes de posarse en sus ojos. No podía evitar alejarse de él y al mismo tiempo no podía evitar martirizarse por hacerle sufrir. Iba a pedirle disculpas por haberse ido de esa manera tan abrupta, cuando él la abrazó. En ese momento, a ella se le atragantaron las palabras y las lágrimas; El dolor quedó suspendido en el aire por un instante. Calor, calor humano, ternura… le parecía increíble que pudiese haber algo bello en el mundo en esos momentos, pero lo había y, de repente, la esperanza volvió a encenderse.

Álvaro la soltó, lentamente, y ella comenzó a hablar con un hilo de voz.

Siento haberme ido así.− Se disculpó.

Miró a Álvaro, su rostro no era el de antes, ahora parecía cansado, pero no era el tipo de cansancio que se produce por una actividad intensa, sino ese que se dibuja en los ojos cuando ves cómo el mundo se desmorona a tu alrededor.

Ya.− Murmuró él; Permaneció callado durante unos segundos mirando a Alicia como si ella estuviese a punto de desaparecer y dijo.− Voy a ir a dormir al sillón.

¿Por qué?− Se extrañó Alicia.

Álvaro ya estaba caminando hacia el salón, arrastrando los pies, y al oír a Alicia, se volvió; Cabizbajo y con una sonrisa triste replicó:

¿Y por qué no?

Ella se quedó helada ante esa respuesta. “Lo sabe”.− Pensó.

____________________________________

Gracias de nuevo a NoA por las capturas.

1 comentario:

  1. ¡¡ESTÁ GENIAL!!
    Se me ha hecho un nudo en la garganta al imaginarme a ÁLvaro, madre mía...

    ResponderEliminar