viernes, 29 de enero de 2010

Capítulo XXIII


CAPÍTULO XXIII

Andrea miró con cautela a la joven que estaba en El Asturiano, no parecía tener más de veinte años, pero sus ojos denotaban un sufrimiento que la hacía parecer más adulta. Marcelino, cerró la puerta y se acercó.

¿Qué haces tú aquí?− Preguntó con tono preocupado.

Marce, no puedo hablar.− Dijo Andrea en voz baja y sin apenas mover los labios, mientras le dedicaba una mirada fugaz a la muchacha.

La chica cogió el bolso y se levantó de su silla.

Da igual, yo ya me voy, ya he molestado bastante. Muchas gracias Marcelino.− Anunció la joven que no parecía haberse molestado por la indirecta de Andrea.

No, de eso nada, tú te quedas, vamos, no vuelves a pasar una noche al raso ni en broma, eso te lo ha dicho Manolita y te lo repito yo, si no quieres volver a tu casa ni venir a la nuestra, te quedas en El Asturiano y ya está.− Ordenó Marcelino a la chica, que, sin rechistar, se volvió a sentar.− Y tú, ya me estás diciendo qué es lo que estás haciendo aquí, Andrea, que pareces nueva, ¿no sabes como está el patio últimamente?− Espetó Marcelino.

Ella miró nuevamente a la muchacha con algo de desconfianza, pero antes de que Andrea pudiese abrir la boca, la chica se levantó de nuevo y se dirigió hacia la puerta.

A ver que he dicho que no, hace un frío del carajo y no puedes pasar otra noche dando vueltas por Madrid… Es alucinante, yo no sé en qué estabas pensando, con lo lista que tú eres.− Dijo Marcelino interponiéndose entre la muchacha y la puerta.

Marce, yo vuelvo otro día en el que estés menos ocupado.− Farfulló Andrea que seguía sin quitarle ojo a la chica.

A ver, Andrea, te digo yo que Alicia, que es esta de aquí, cojea de la misma pierna que tú y que yo, por eso está así la pobre.− Miró con compasión a Alicia y continuó hablando.− Es que han apresado a un… a un amigo suyo, bueno, también era amigo nuestro. Fernando Solís ¿te suena? Pues el caso es que trabajó aquí al lado, en una productora de cine, pero resultó que no era lo que parecía y, bueno… ya sabes como son las cosas en la villa de Franco.− Explicó Marcelino.

Andrea miró con renovado interés a la muchacha, a la que se le habían saltado las lágrimas nada más oír el nombre de Fernando.

¿Conocías a Fernando?− Se sorprendió Andrea.

Ella se limitó a asentir con la cabeza.

¿Me vas a decir de una vez por qué has vuelto?− Preguntó Marcelino con impaciencia.

Andrea permaneció en silencio unos instantes, observando a Alicia que se había vuelto a sentar y lloraba en silencio con la mirada perdida en sus temblorosas manos. Comenzó a sentir una indignación cercana a la ira, por el sufrimiento que estaba presenciando y entonces, sin poder evitarlo, dijo:

He vuelto por Fernando Solís.

¿Qué?− Preguntaron a coro Marcelino y Alicia.

Eso es una locura, Andrea.− Sentenció Marce mientras negaba con la cabeza.

¿Quién eres?− Preguntó Alicia perpleja.

Eso no importa.− Respondió Andrea.− El caso es que he venido aquí en su ayuda.

Pero ¿qué dices Andrea?− Exclamó Marcelino a quien le brillaban los ojos y parecía enfadado.− No sabes lo que estás diciendo. Tú sola no puedes sacar a nadie de ahí ¿me oyes?− Miró a su alrededor, buscando un argumento en contra, y preguntó.− ¿Aprueba Antonio todo esto?

Andrea suspiró al ver el nerviosismo de su amigo.

Marcelino, no estoy sola y sí, Antonio lo aprueba, fue él quien me consiguió los apoyos necesarios para que todo saliera adelante.− Dijo Andrea con calma.

Eso es una locura.− Repitió Marce al tiempo que iba tras la barra y se servía un coñac.

Alicia se puso en pie y miró a Andrea fijamente.

¿Cómo puedo ayudarte?− Preguntó con tono decidido.

Andrea observó con incredulidad a Alicia. Mientras, Marce que miraba a las dos mujeres de hito en hito, se sirvió más coñac.

No vas a ayudarnos, esto no es ningún juego, nadie ajeno va a meterse en la misión, bastante he hecho con decirte que hay un plan en marcha para sacarlo de ahí.− Contestó Andrea intentando no ser demasiado brusca.

Alicia parecía estar haciendo grandes esfuerzos para no gritar de pura rabia.

Yo necesito ayudar ¿lo entiendes? Necesito hacer algo útil, Álvaro cree que con libros y papeles podemos hacer algo, pero no es verdad, eso no ayudará a Fernando.− Dijo Alicia con voz temblorosa.

¡Ahora la otra! Esto es acojonante, pero ¿estáis todas locas?− Exclamó Marcelino y seguidamente se tomó de un trago lo que quedaba de coñac.

Andrea se acercó a Alicia mientras negaba con la cabeza. Iba a decir algo, pero Alicia continuó:

¿Conoces a Fernando? Como persona, quiero decir.− Inquirió; Andrea asintió y Alicia hizo una pausa.− Yo le conozco y no sería la primera vez que me juego la vida para ayudarle. Fui yo la que le salvó de morir en el piso franco cuando le dispararon, fui yo la que se arriesgó. ¡No me digas que no puedo hacer nada!− Soltó Alicia con fiereza.

Es imposible, tú no tienes experiencia en algo así, no puedes ayudarnos, si de verdad quieres salvar a Fernando, no intentes entrometerte. Agradezco tu ofrecimiento, pero esto es algo más grande de lo que puedas imaginar.− Le advirtió Andrea con dulzura, tratando de controlar su propia emoción al ver las lágrimas de esa desconocida.

Alicia estaba más hundida aún que antes, pero la idea de permanecer quieta y a salvo mientras otra gente se jugaba el pescuezo por Fernando era algo que no entraba en sus planes. Así que intentó actuar con normalidad y fingió resignación.

Está bien.− Murmuró y recogió el bolso con movimientos pausados.− Voy a ir a casa.

¡Eso es!− Exclamó Marcelino.− Ya verás como todo se soluciona. ¿Quieres que llame a Álvaro para que se acerque al bar?

Ella negó con la cabeza.

Andrea siguió con la mirada a la chica, que caminaba lentamente hacia la salida. Cuando se fue, Marcelino y Andrea se quedaron un rato en silencio, observando la puerta.

Andrea.− Dijo Marcelino sin mirarla.− Sabes que eso que has dicho es imposible ¿no? Quiero decir, a nadie más que a mí le gustaría que las cosas fuesen de otra manera, pero ya sabes quien manda y… bueno, lo que tú pretendes hacer es muy arriesga’o y…− Levantó la vista y la fijó en los ojos de Andrea.− Esto te puede costar muy caro, a ti y a los que estén contigo.

Andrea sonrió sabiendo lo mucho que a Marcelino le costaba hablar de ese modo tan pragmático.

Y si no nos arriesgamos ¿qué ganaremos?

Pues salvar la vida, joder, Andrea, que no serías la primera que acaba en una cuneta.− Soltó Marcelino con lágrimas en los ojos.

Andrea negó con la cabeza.

La vida hay que vivirla, pero para ello hay que exponerse al peligro.

Sí, pero por una razón, Andrea, no por una locura.

¿Un amigo no es una razón?− Preguntó Andrea alzando las cejas.

Sí, claro que es una razón y no creas que soy un cobarde, pero es que…− Masculló Marcelino que parecía estar manteniendo una dura lucha consigo mismo.

Sé lo que hago.− Sentenció Andrea.

¿Y lo sabe Fernando?− Preguntó Marcelino.− Porque dudo mucho que a él le hiciera gracia todo esto.

Andrea bajó la mirada por primera vez.

3 comentarios:

  1. FENOMENAL!!!
    Ahora a ver que pasa con Andrea y con ALicia, si lucharan juntas o por separado.
    ESpero que no mates a ninguna, Slayer, jaja!!

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  2. HOLA!!!!
    Me alegro de que te guste. Temía que el encuentro fuese un poco forzado, pero mira, al menos es un poco más digno que AETR, jejeje.
    De momento no hay muertes, pero habrá pérdidas, aunque no como se pueda pensar en un principio.

    Y dentro de no mucho tiempo hay un capi que tiene a tu Álvaro con voz cantante, va a ser un capi triste, eso sí.

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