viernes, 15 de enero de 2010

Capítulo XXI


CAPÍTULO XXI

Andrea se miró en el espejo por novena vez y se dio por fin el visto bueno al no reconocerse a sí misma en el reflejo. Llevaba una peluca castaña, unas gafas doradas que le daban un toque de distinción y un sencillo vestido beige.

Miró a Charles y le dedicó una sonrisa confiada, aunque los nervios empezaban a hacer mella en su interior. Él iba a hablar con unos viejos camaradas para que estuviesen preparados en caso de necesitar su ayuda. Ella salió por fin del piso y se encaminó al oscuro tugurio en el que suponía, dada su cercanía con el edificio, que tomarían café los guardias en su tiempo de descanso.

Cuando llegó, el bar estaba aún vacío, por lo que pasó de largo y fue a una calle paralela, donde estuvo ojeando escaparates durante un buen rato. Al regresar al bar, vio que en la barra había un hombre uniformado que tenía la cabeza agachada sobre una humeante taza de café. Andrea entró con aire despistado y pidió un cortado. Echó una ojeada al guardia y vio que tenía la mirada perdida en el interior de la taza.

¿Se encuentra usted bien, caballero?− Preguntó al tiempo que le dedicaba su mejor sonrisa.

He tenido días mejores, pero métase en sus…− Respondió el guardia sin mirar a Andrea, pero cuando levantó la cabeza y la vio, freno en seco y cambió su tono cortante por uno mucho más amable.− Perdone señorita, no es un buen momento, ¿sabe?

Lamento haberle importunado; Si puedo ayudarle en algo… Soy buena escuchando, tal vez quiera desahogarse.− Dijo Andrea con voz dulce.

El guardia volvió a mirarla, pero esta vez de arriba abajo, sin ningún disimulo. Observó la cara de Andrea y tras hacer una mueca, comenzó a hablar como si estuviera charlando con una amiga de toda la vida.

Es Mendoza, mi jefe. Se cree muy listo por haber engañado a esos rojos.− Comentó él sin mirar a Andrea.

¿Perdón?− Saltó Andrea que no esperaba tanta sinceridad.

Lo habrá leído en los periódicos, ese Fernando Solís o Fernando Rosales. Lo atrapó él y no hay quien le aguante, siempre fue un engreído pero ahora… cada vez que ocurre algo malo, es culpa de otro, él nunca tiene la responsabilidad de nada, bueno sí, de los aciertos, claro está, esos son todos suyos.− Explicó el guardia a Andrea con una tranquilidad de la que se podía deducir que o bien el guardia era un inepto o bien ignoraba por completo la importancia de la información que estaba revelando.

Ah, sí, lo he leído, me alegré mucho de la captura de ese indeseable.− Acertó a decir Andrea cuyo nerviosismo crecía por momentos.

Como todos... Pues es que la última ha sido de órdago. ¿A usted le parece normal que si un preso se cuelga en su celda se culpe a un guardia de eso?

Al oír esto, a Andrea se le cortó la respiración.

¿Solís se ha suicidado?− Inquirió Andrea controlando a duras penas su histerismo.

Lo intentó, pero no lo consiguió, ahí está tan ricamente en su celda, pero bueno, respóndame ¿soy yo responsable de que el rojo ese se cuelgue en su celda?

No, claro que no, sólo él es responsable de sus actos.− Dijo Andrea con voz neutra.

Ahí se equivoca usted.− Respondió el guardia tomando un sorbo de café.− La culpa la tuvo Mendoza otra vez. ¿A quién se le ocurre decirle a ese que será el culpable de las muertes de los que intenten liberarle? El tipo quiso hacerse el héroe y por eso se colgó. Mendoza sabe que pisó en falso, pero ¿lo reconoce? ¡No! Es mucho más fácil echarme la culpa a mí por no haberle quitado el cinturón a ese desgraciado.

Andrea guardó silencio y tras unos segundos dijo:

Se tiene muy creído su triunfo, por lo que me cuenta ¿no?

¿Creído? Eso es poco, señorita. Lo único que ha hecho Mendoza ha sido engañar a esos rojos de mierda y se piensa que por eso merece ser recibido por el Generalísimo o algo así, pero no señor, ese tipo sólo tiene astucia, nada más, no tiene lo que hay que tener para hacer las cosas de frente.

Andrea miró su reloj de muñeca y comentó:

Dios mío, se me ha ido el santo al cielo charlando con usted.

El guardia la miró y sonrió.

Pues váyase, señorita, que a mí ya me ha hecho un buen favor escuchándome, la verdad es que ahora estoy más animado.

Me alegra oír eso. Adiós, caballero.− Se despidió Andrea mientras pensaba “El favor me lo has hecho tú a mí”.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Slayer, he leido tu relato y me gusta mucho, fenomenal!
    No puedo entrar el otro foro por problemas tecnicos, pero que sepas que te tengo vigilada a traves de este BLOG!!
    Bueno, mi relato ya tiene nuevo capitulo, en el que me he adelantado ya temporalmente al tuyo.
    Creo que te va a gustar.
    Un abrazo!

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