sábado, 12 de diciembre de 2009

Capítulo XVIII

CAPÍTULO XVIII

Andrea cenó con los Rivas, se encontró con alguien a quien no esperaba ver, pero charló con todos ellos animadamente, fingiendo un acento francés que nunca tuvo y ningún miembro de la familia Rivas sospechó nada; Charles permaneció en el piso, sentado frente a una mesa, con la mirada fija en el extremo opuesto, ingeniando maneras de conocer el paradero de Fernando; Y mientras todo esto ocurría, Alicia lloraba en silencio en el cuarto de baño.

¡Alicia, sal ya, que me hago pis!− Gritó Pedrito al otro lado de la puerta, mientras hacía aspavientos y se contorsionaba para que su padre, desde el salón, se diera cuenta de la urgencia que tenía.

Pedrito, hijo, aguanta un poco.− Dijo Álvaro levantando la vista por un momento de los trabajos que estaba corrigiendo.

Alicia se lavó la cara y se la secó rápidamente con una toalla, se miró al espejo y respiró hondo, antes de dar el visto bueno a su rostro. Todavía notaba las pestañas húmedas a causa de las lágrimas, pero nadie lo notaría a no ser que se acercara mucho. Abrió la puerta del baño y antes de que pudiera salir, Pedrito entró como una exhalación.

¡Bueno!− Exclamó Alicia intentando aparentar normalidad.

Se dirigió al salón y al ver que estaba Álvaro, se dio la vuelta.

Alicia.

Ella regresó al vano de la puerta, pero no entró en la estancia, como si una barrera invisible flanqueara la entrada.

¿Qué tal estás?− Preguntó Álvaro mientras ordenaba los trabajos que tenía esparcidos sobre la mesa.

Alicia adoptó una expresión hermética y ausente.

Bien.− contestó lacónicamente.

Supongo que estás preocupada por Fernando y es normal, pero no tienes que fingir delante de mí, me parece bien que Pedrito no sepa nada de todo esto, pero ¿no quieres saber lo que he estado haciendo?− Comentó Álvaro, al tiempo que metía los trabajos en su cartera de cuero.

¿Has averiguado algo?− Preguntó Alicia caminado lentamente hacia Álvaro.

Por el momento, poca cosa, pero estoy a la espera de que me den más datos, mis contactos son lentos y escasos, pero fiables.− Respondió Álvaro mientras dejaba la cartera en una silla.

Álvaro se puso en pie, fue hacia el aparador y llenó generosamente dos copas de jerez, le ofreció una a Alicia y se sentó en el sillón. Alicia permaneció de pie, observando a Álvaro con el ceño ligeramente fruncido.

He averiguado dónde lo tienen.

Eso lo decían en el artículo.− Dijo Alicia sin poder ocultar su decepción.

También me he ofrecido como abogado defensor de Fernando.

Alicia abrió mucho los ojos, dejó la copa en la mesa y se sentó a su lado, de repente sintió una oleada de ternura hacia Álvaro.

¿Y ha aceptado?− Preguntó emocionada, poniendo una mano en su rodilla.− Espera un momento.− Musitó cambiando su rostro esperanzado por un semblante serio.− Fernando va a ser juzgado por un tribunal militar, según decían en el artículo, tú no puedes ser su abogado, no eres militar.− Al llegar a esa conclusión, Alicia, inconscientemente, retiró la mano de la rodilla de Álvaro.

Lo sé, pero tenía que intentarlo.− Contestó Álvaro apesadumbrado.

Hubo unos segundos de silencio, de repente se oyó abrirse la puerta del baño y el correteo de Pedrito, acto seguido se escuchó abrirse otra puerta, al otro extremo del pasillo: Pedrito había entrado en su cuarto.

¿Sabes algo más?− Preguntó Alicia sin muchas esperanzas.

Estoy intentando enterarme de las condiciones en que tienen a Fernando y también de qué se le acusa exactamente. Probablemente mañana me digan algo sobre los cargos a los que va a enfrentarse.− Respondió Álvaro. Tras unos segundos, dijo.− Lamento no poder decirte más.

No tienes nada de qué disculparte, al contrario.− Sentenció Alicia.

Ambos se quedaron en silencio de nuevo, mirando únicamente al suelo. Desde que saltó la noticia de Fernando, las baldosas habían pasado a ser un elemento útil a la hora de esquivar un contacto visual incómodo.

Voy a dar un paseo.− Anunció Alicia mientras se levantaba.

Te acompaño.− Dijo Álvaro incorporándose del sillón y dejando la copa en la mesa.

No.

Álvaro se quedó inmóvil, casi congelado ante la negativa de Alicia, ella se dio cuenta de su brusquedad y trató de arreglarlo.

Es que prefiero estar sola, lo necesito.− Dijo con voz más dulce.

Deberías compartir conmigo todo eso que llevas dentro, Alicia, no puedes con esto tú sola.

Ella permaneció en silencio unos segundos, mirando al suelo nuevamente y buscando las palabras, cuando por fin habló, lo hizo con voz trémula:

Necesito llevar esto sola, porque si empiezo a hablar, si empiezo a llorar… No arreglaré nada y además tú sufrirás. Y eso es algo que no estoy dispuesta a asumir.− Dijo Alicia con sinceridad.

Álvaro se quedó de piedra y cuando ella salió del salón, se desplomó en el sillón.

Ella cogió su abrigo y salió de casa sin tener aún un destino fijado.

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