sábado, 5 de diciembre de 2009

Capítulo XVII

CÁPITULO XVII

Una elegante mujer mira por la ventanilla del tren. Es una rubia de ojos negros y sonrisa amable; aparentemente no supone un peligro para nadie, es menuda y su carísima ropa sugiere que no le preocupan tanto los acontecimientos del mundo, como lucir perfecta en cada ocasión. Sin embargo, Marie Berger se dirige a España con un objetivo claro y muy alejado de la imagen que proyecta.

En el vagón contiguo viaja un caballero que lee detenidamente un periódico. Es alto, delgado y de pelo castaño oscuro. Detrás de unas gafas redondas, sus ojos saltan de renglón en renglón; al llegar al final del artículo, dobla el periódico y lo deja sobre sus piernas mientras observa por la ventanilla como caen unos tímidos copos de nieve. Hace pocos días salió de Inglaterra para Francia y el cansancio del viaje se dibujado en su rostro en forma de ojeras. Aún así, sus ojos azules no han perdido su viveza. Aunque ya se había alejado de la política, Charles, que en este viaje ha cambiado su nombre por James Norton, ha accedido a embarcarse en la misión a petición de un viejo amigo.

El hombre subió al tren dos estaciones después de que lo hiciera Marie Berger y aunque ambos desconocen el paradero del otro en el tren, saben que una vez estén en España tendrán que colaborar.

Cuando llegaron a España bajaron por separado y siguieron caminos distintos. James Norton llegó al piso franco veinte minutos antes de que lo hiciera Marie. Una vez allí, cayeron las máscaras: Marie comenzó a quitarse horquillas del pelo y, agarrando de un extremo, se libró de la peluca rubia, revelando un cabello negro ondulado. Charles, por su parte, se quitó las gafas y las dejó en una mesilla. Sonrieron y comenzaron a hablar en voz muy baja de la misión que les había llevado hasta allí. Tras unos pocos minutos de charla, se planteó el primer problema:

No puedes fiarte de la prensa… en ningún estado, pero menos aún en España.− Sentenció Charles con un marcado acento inglés.

No digo que sean el adalid de la sinceridad, pero es el único dato que tenemos de su situación.− Comentó Andrea al tiempo que señalaba con el dedo un artículo de prensa.

Pero no podemos arriesgarnos, deberíamos cerciorarnos de que efectivamente es ahí donde le tienen antes de preparar una ofensiva contra ese edificio, el factor sorpresa es esencial.− Dijo Charles.

Lo sé, tenemos que preparar alguna estratagema para averiguar si le tienen allí encerrado ¿alguna idea?− Preguntó Andrea ligeramente desanimada.

Algo se nos ocurrirá, de todos modos no podemos planearlo ahora, debes ir al despacho de Ramón Rivas, es trascendental mantener las apariencias.− Le recordó Charles a Andrea.

Lo sé…− Respondió Andrea con desgana.

Si te sirve de consuelo, mañana yo tendré que cubrir un evento deportivo.− Comentó Charles esbozando una sonrisa.

Andrea suspiró y después de unos minutos salió del piso como Marie Berger para encontrarse con Ramón Rivas.

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