sábado, 7 de noviembre de 2009

Capítulo XIII

CAPÍTULO XIII

Alicia se volvió a recostar en la cama, trató de dormir otra vez, pero todo intento fue en vano; estaba demasiado nerviosa y angustiada como para conciliar el sueño, así que se dio la vuelta, dando la espalda a Álvaro, para evitar que, en caso de que se despertara, se diera cuenta de su insomnio.

Pasó la noche observando la línea de luz que se filtraba por la ventana y cuando estaba amaneciendo decidió levantarse y preparar el desayuno, pensando que, tal vez así, lograría centrar sus pensamientos en algo más cotidiano que relajara sus ánimos.

Al terminar de poner la mesa se dio cuenta de que por fin respiraba con normalidad. Se asomó a la ventana del salón y tomó aire “Sólo ha sido un sueño, no sirve de nada obsesionarse con ello”. Sonrió con la serenidad que le aportó ese pensamiento, cerró la venta y al darse la vuelta vio a Álvaro y a Pedrito que miraban, entre entusiasmados y perplejos, la mesa del desayuno.

Alicia ¿son las tortitas que me gustan?− Preguntó el niño acercándose a la mesa y olisqueando un crêpe.

Se llaman crêpes, Pedrito.− Contestó Álvaro mientras se sentaba a la mesa.

Alicia y Pedrito se sentaron uno a cada lado de Álvaro. El niño puso varios crêpes en su plato y comenzó a engullirlos con avidez.

Pedrito, te vas a atragantar, come despacio. Si quieres, esta tarde preparo más.− Dijo Alicia mirando al niño.

¿Y cómo ha sido para preparar este banquete?− Preguntó Álvaro tras beber un poco de zumo.

¡Banquete! ¿A un desayuno de crêpes, café, zumo, pan y aceite le llamas banquete? Anda que no exageras… Me apetecía daros una sorpresa.− Explicó Alicia.

Desde luego, es magnífico comenzar así el día, más cuando tengo reunión con el rector.− Comentó Álvaro, haciendo una mueca de desagrado.− Me conviene desayunar bien.

¿Esperas malas noticias de esa reunión?− Preguntó Alicia con semblante preocupado.

No, no es eso.− Contestó Álvaro al tiempo que le acariciaba la mano levemente a Alicia.− Es que me tendré que quedar después de clase y no se puede decir que tenga el día tranquilo: tengo trabajos que corregir…− De repente su rostro cambió y exclamó.− ¡Bueno! yo aquí sentado y aún no he ido a recoger el periódico.

Abandonó la mesa y al rato volvió con el periódico en las manos. Leía la primera plana con la boca entreabierta y no parecía comprender lo que estaba leyendo. Alicia y Pedrito no se habían dado cuenta de que Álvaro permanecía en el umbral de la puerta, ya que estaban demasiado ocupados tirándose trocitos de pan.

Alicia.− Dijo Álvaro con un hilo de voz.

Ella no le oyó llamar y siguió jugando con el niño hasta que, al esquivar otro de los proyectiles de Pedrito, miró hacia la puerta. Nada más cruzar la mirada con Álvaro se dio cuenta de que algo no iba bien. Se levantó y un pedacito de pan le dio en la cara.

Pedrito, para. ¿Qué pasa?− Dijo Alicia mientras avanzaba, sin quitar sus ojos de Álvaro.

Hijo, vete a tu habitación.− Ordenó Álvaro.

Aún no he terminado de desayunar, papá.− Respondió Pedrito.

Pues coge tu plato y vete a tu cuarto, pero hazlo ya.− Contestó Álvaro en un tono que no admitía réplicas.

El niño se levantó de la silla y se fue con el plato a su habitación, no sin antes dedicarles una mirada curiosa a Alicia y a su padre.

Cuando Alicia llegó a donde estaba Álvaro, este presionó el periódico contra su pecho y comenzó a hablar con voz preocupada.

Alicia… Ha ocurrido algo, algo malo, grave.− Hablaba con voz triste y al mismo tiempo, parecía estar en estado de shock.

− Álvaro, ¡Álvaro! Habla, dime qué pasa; Me estás asustando. ¿Por qué escondes el periódico?

A él no le dio tiempo a reaccionar y cuando quiso darse cuenta, Alicia tenía el periódico entre sus manos. Cuando terminó de leer, dejó el periódico en la mesa y se quedó con la mirada perdida, temblando de pies a cabeza.

Álvaro estaba pálido y aún no había asimilado la noticia, pero supo que se tenía que hacer cargo de la situación, así que se acercó a Alicia y la abrazó con fuerza. Ella no parecía ser consciente siquiera de que Álvaro seguía allí.

Alicia.

Ella pestañeó y un par de lágrimas surcaron su rostro; miró a Álvaro sin decir nada.

Te prometo que haremos lo que sea, las cosas no van a quedar así.− Dijo Álvaro con convicción, aunque en su fuero interno las esperanzas eran mínimas.

Alicia asintió con la cabeza.

En la primera plana del periódico podía leerse: CAPTURADO EL CRIMINAL FERNANDO SOLÍS.

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